EL HECHIZO

Nos cautiva y nos fascina. Cuando lo tenemos delante, su hechizo amenaza nuestra libertad. Ya no somos capaces de pensar con sosiego. Ya no tenemos descanso. Ya no somos nosotros. Cuando vemos con nuestros ojos las imágenes de violencia en las calles que hemos visto estos días por los medios ya no somos capaces de pensar. El mal nos cautiva y fascina. Entra por los ojos y se nos queda en el cuerpo. Lo consumimos y nos consume. Las imágenes del mal son producto de consumo. La violencia es un buen negocio.

Por eso es urgente afrontar el hechizo del mal y cuidar de nuestra libertad más honda: no la de decir o hacer lo que nos apetezca sino la de pensar en lo que decimos o hacemos. Es urgente entender la diferencia entre comprender y justificar. El hechizo del mal en las imágenes de violencia que entran por nuestros ojos consigue enseguida lo que busca: que no seamos capaces de entender esta diferencia. Es su manera de fascinarnos. Y, una vez fascinados, el mal se hace dueño de nuestra inteligencia. Ya no somos nosotros. Ya no es la razón la que habla. Habla, o grita, aquello que llamamos “sentido común” sólo para justificarnos. El sentido común, como decía Descartes, es aquello que todo el mundo cree tener…

Texto escrito por V.M.P.

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