PUENTES EN EL S. XIX

Escribe este artigo D. Enrique no ano 1974 na Revista das Festas Patronais e leva por título PUENTES EN EL SIGLO XIX. Nel descríbenos como era a vida pontesa neste século e os acontecementos, máis importantes, acaecidos na nosa Vila.

ANO 1974

PUENTES EN EL SIGLO XIX

Por D. Enrique Rivera Rouco.

Época de pobreza y de malestar fue el siglo XIX en la Villa y Parroquia de Puentes de García Rodríguez, al igual que en toda la Región Gallega, pese al afán de mejoramiento económico y de defensa de Galicia que apasionadamente promovían algunos movimientos patrióticos de entonces, como la “Sociedad Económica de Amigos del País”, en que figuraban el Obispo lucense Páramo y Somoza, Cornice. Caamaño y otros; la ”Restauración” de Montero Ríos; el Regionalismo de Alfredo Brañas; etc. La suerte de nuestro Pueblo ha sido precaria principalmente en la primera mitad del siglo en que, a la opresión feudal se sumaron los desmanes de la dominación francesa, y mejoró progresivamente al ser “aforadas” las propiedades.

Comenzó el siglo coincidiendo con el desmoronamiento de la Casa de Lemos, dueña de Puentes desde mediados del XVI, pasando a depender nuestro Pueblo de los sucesores de la última Condesa (Dª Rosa de Castro) que, en este Feudo, fueron dos: D. Joaquín de Castro y Lamas, residente en el Pazo Señorial de Castro de Rey, y D. Manuel Aguiar de Cora Bahamonde y Montenegro, vecino de Vivero. Los bienes del primero se denominaban “el Vínculo de Castro” y comprendían la parte S.E. (desde el Caneiro al Chamoselo). Los del segundo formaron “el Vínculo de Cora”, integrado por la superficie de la actual Villa y sus alrededores.

Aquellos pacíficos agricultores, además de contribuir a la Iglesia con los diezmos de las cosechas, cotizaban a los referidos dueños un tributo abrumador. Constata Florencio Vaamonde Lores, en su obra “Ecos del Eume”, que ascendía a los 100.000 reales anuales el total de los pagos. derechos de vasallaje y talla, penas de cámara, derecho de “mostrencos”, de “luctuosa”, etc.

Según datos del Registro de la Propiedad de Ortigueira y del Archivo Judicial de dicho Partido, el Ayuntamiento de Puentes era presidido por su Alcalde Mayor que provistaba la Cámara de Castilla y no la Intendencia de la Provincia (con sede en Betanzos) ni el Conde de Lemos. Este cargo lo ocupaba en el final del s. XVIII D. Blas Antonio Pita da Veiga, vecino de Gondré . Las restantes personas que regían el Concejo eran nombradas por el Sr. Feudal.

Una descripción de la Villa de Puentes, elaborada en 1850, figura en la obra “Los Obispos de Mondoñedo”, vol. II, (que se conserva en la biblioteca del Seminario de Mondoñedo) entre la relación de todas las parroquias de la Diócesis que, a la sazón, se había hecho pro encargo del entonces Obispo D. Tomás Iglesias Barcones. Según tal descripción, “la Villa de Puentes constaba de 58 casas,, distribuidas en tres calles, con la Iglesia en el centro; Ayuntamiento (en el actual edificio nº 1 de la Plaza de la Iglesia, hoy remozado) y Escuela (en el nº 19 de la Calle Real), dotada con 20 reales al mes por parte del Gobierno. Celebraba una feria “extramuros” el 1º de cada mes. Su población era de 328 habitantes…”

Vista, a grandes rasgos, la situación de nuestro Pueblo en los comienzos del s. XIX, indicamos seguidamente los principales hechos que vivió en su decurso:

En la primera década tuvo lugar la invasión de las huestes napoleónicas, que dominaron nuestra comarca cometiendo sinnúmero de tropelías y vejámenes. Según la tradición oral del Pueblo, “los franceses alojaban sus caballos en el interior de las Ermitas de la Parroquia y los pastaban en los trigales, demoliendo cierres y cosechas y, por si esto fuera poco, exigieron al vecindario un fuerte impuesto para los gastos de guerra”. Nuestros antepasados lucharon intrépidos contra aquellas hordas funestas, repitiendo el sistema primitivo de guerrillas. Se trataba de verdaderas correrías o “monterías de lobos franceses” (en frase de entonces), llevadas a cabo por pequeños grupos de paisanos.

Cuenta Benito Vicetto en su Historia de Galicia, vol. VII, que “a finales de Enero de 1809 el ejército francés del general Soult avanzaba hacia Ferrol, con el fin de asaltar dicha plaza. Los guerrilleros de la región Eumesa quisieron derribar en Puentes el puente del Eume, mas no se lo permitió la Justicia de la Villa, que cometió un error beneficioso para los franceses. El paso del Gran Corso hubiera sufrido una demora ventajosa para los ferrolanos…

Un gran acontecimiento vino a levantar la moral derrumbada pro el antedicho desastre: “el aforamiento de los Vínculos”. Fernando VII urgió el cumplimiento de la ya existente ley del aforamiento de todas las posesiones señoriales, en virtud de la cual el colono se convertía en dueño del “dominio útil” a cambio de un “canon foral” en cuantía razonable. El señor Cora, adelantándose a la mencionada real orden, concedió a los súbditos este beneficio en los primeros años del siglo, aunque con duración limitada: “…Foro-Enfiteusis, por las vidas de tres Reis de la corona de España y cincuenta años más a lo adelante…”, condición que no llegó a cumplirse, ya que tales bienes fueron comprados en 1902 por D. Sergio Rivera Chao, natural y vecino de Puentes. El “canon foral” exigido consistió en la entrega anual de una cantidad de “reales de vellón”, distinta según cada propiedad. Estos contratos se realizaron ante el Notario de Puentes Josef Freire de Andrade.

D. Joaquín de Castro aforó su “Vínculo” en 1828, ante el escribano lucense Antonio Estévez, gravando cada lugar con el “canon” de 400 reales, un carnero y seis libras de manteca anuales.

En condiciones análogas aforó también sus bienes de Gondré y Freijo el Conde Pita. Todas estas propiedades pasaron al perfecto dominio de los inquilinos en 1927 por orden del Jefe del Gobierno D. Miguel Primo de Rivera, quien decretó la “redención de los foros”.

Nuestros bisabuelos, con gran satisfacción por sentirse ya dueños de algo, a mediados del siglo, inscribieron “su dominio útil” en el Registro de la Propiedad de Ortigueira, cuyas actas todavía son conservadas en los libros correspondientes al Ayuntamiento de Puentes.

A partir de entonces mejoró la situación económica de los agricultores, principalmente en las aldeas por poseer extensión de tierra más abundante que los vecinos de la Villa.

Espasa Calpe, en su gran Diccionario, da cuenta del hurto de una lámpara de plata “de gran valor y mérito artístico”, en el Templo Parroquial de Puentes y que ocurrió el año 1829. Fuera adquirida en 1804 por el entonces Párroco D. Felipe de Neira. Quedó constancia de la misma: “fabricada por el ensayador del Reino, D. José de Luz y Orbazay, en 6.954 reales y 17 maravedís. Pesaba 200 onzas de plata y era copia de las existentes en la Capilla de Ntra. Sra. de los Ojos Grandes en Lugo”

En 1830 recibió Puentes una visita transcendental, preludio de nuestra actual industrialización, la del insigne Ingeniero de Minas, alemán, D. Guillermo Schulz, Inspector General del Cuerpo de Minas en los Reinos de Galicia y Asturias, que estaba elaborando su portentosa obra “Descripción Geonóstica del Reino de Galicia”, a quien se debe el conocimiento de la naturaleza del suelo gallego y asturiano. Localizó y estudió todo lo referente a nuestra cuenca carbonífera. Entre otros datos dejó aclarada la importante composición de alquitrán de algunas especies del carbón de Puentes.

La guerra civil carlista afectó grandemente a nuestro Pueblo, el cual se pronunció a favor de Isabel y llamaban “fouciosos” (de Facciosos) a los partidarios de Carlos (1833-40). Había en la Villa un pequeño ejército anticarlista (“a Tertulia do fondo da Vila”) que tenía el paso a los soldados del pretendiente Carlos. Dos fueron decapitados y colgadas las cabezas en la orilla del camino real; desde entonces se llamó al paraje “Cruz das Cabezas”.

En el año 1835 el Primer Ministro Juan Álvarez Méndez, alias “Mendizábal”, en decreto del 11 de Octubre, ordenó la incautación de los bienes eclesiásticos, bajo el nombre de “Desamortización” de los mismos. Aquella medida drástica y anticlerical privó a la Parroquia de Puentes de la “Finca-Iglesario” (de unas 4 Ha) que poseía en la Magdalena, donde actualmente sólo es dueña del atrio de la Ermita del Carmen y del pequeño campo que ante sus fachada se prolonga en unos 30 metros. Asimismo, con ese motivo, fueron requisadas y trasladadas a Madrid cierto número de alhajas de la Iglesia Parroquial y también perecieron los bienes raíces de las Cofradías y la finca “Obra Pía” de Tras del Puente, dedicada a sostener el Hospital Benéfico existente en el solar hoy ocupado por la Plaza de Cervantes (antes llamada “Plaza del Hospital”). Y, finalmente, usurpó aquel Gobierno las posesiones que el Monasterio de Caaveiro tenía en la parte occidental de nuestro Valle, como eran el lugar de Los Mouros y otros varios, cuyos nombres delatan tal procedencia: “Fraga dos Cregos”, “Porto dos Frades”, etc.

En el siguiente año, 1836, Puentes acogió y publicó la Constitución de Cádiz. Cuenta Freijomil, en su obra “Acontecimientos políticos y Militares del Siglo XIX”, que “fue proclamada solemnemente en la Plaza de la Iglesia, habiendo ido un propio a Ferrol a enterarse de lo pertinente y traído un ejemplar del Real Decreto que la establecía…”

Durante el mandato de Isabel II hubo ordenaciones jurídicas y nacimiento de nuevos organismos: así, en 1833 Puentes dejó de pertenecer a Betanzos, cuya capitalidad pasó a La Coruña. En 1838 fue erigido el Juzgado de Paz, segregándole al Alcalde Mayor las atribuciones propias del Juez, cuyo primer cargo fue ejercido por D. Antonio Ribeira. Hacia el 1855 inició su labor en nuestro Pueblo el Cuerpo de la Guardia Civil, creado diez años antes por el Duque de Ahumada. Tuvo una de sus primeras estancias al lado del Camino de Ortigueira (hoy Calle de José Antonio, nº 8).

Durante este reinado también fue construida la carretera general C641, de Rábade a Ferrol por Puentes, lo que obligó a edificar (en 1860) el Puente Nuevo (de Isabel Ii), por donde pasaría la nueva calzada desviándose de la Villa, pero invitándola a extenderse a la misma para formar posteriormente la Avenida del Generalísimo (antes denominada “Carretera de Castilla”). En la construcción del Puente fue usado el estilo de aquellos tiempos corriente: el Romanticista, en su modalidad Neo-Románica, adaptando el arco de medio punto rebajado.

Surgió, a continuación del mismo y en fecha inmediata, el edificio núms. 2 y 4, que fue dedicado a ultramarinos y fonda, con el nombre de “Mesón del Puente”. Sólo había otra taberna en la Villa: el “Almacén de Ferra”, (en la Plaza de la Iglesia, nº 7).

Durante el resto del siglo fueron apareciendo tres establecimientos más: la “Casa de Antón Fraga” (Avda. José A., 4) y la “Casa de Fraga da Vila” (C/Real, 38).

La epidemia del “Cólera Morbo” motivó la prohibición tajante de enterrar en el interior de los templos. El Pueblo se vio obligado a habilitar su primer Cementerio, para los que donó el solar el Sr. Preito (antepasado de la familia Prieto-Mosteiro). El primer cadáver allí enterrado fue el de D. Ramón Cabarcos, el 30 de Enero de 1858.

El Cementerio (clausurado desde 1924) posee, en hornacina, una imagen de piedra, tosca, de la Virgen del Carmen. Sobre la puerta de entrada tenía una calavera y un epitafio que dice: “Cual te ves me vi, cual me ves te verás, trae esto en la memoria y no te condenarás”.

A lo largo del último tercio del s. XIX se inició lentamente el ensanche de la Villa al ser construidos algunos edificios en el margen derecho del camino de Ortigueira (hasta el número 14 de la Avda. de José A.).

Aumentaba consiguientemente el número de feligreses mientras que la edad del Párroco, D. Antonio Ángel del Riego, resultaba cada vez más avanzada. Por ello solicitó el nombramiento de otro Sacerdote ayudante. Le complació el Obispo D. José Manuel Palacios López creando tal plaza el 1º de Enero de 1884, con el título de “Capellanía Coadjutorial” y dotándola con 550 pts. anuales, del “pío acervo diocesano”. Fuel el primer Capellán Coadjutor D. José María Yanes Picos, cargo que actualmente ocupa el que suscribe, decimoséptimo Coadjutor de esta Parroquia.

Puentes llegó al final del siglo con mejor situación económico-social, aún cuando distaba de ser satisfactoria; prueba de ello fue el éxodo a Cuba de crecido número de vecinos, comenzando el interminable fenómeno de la emigración, sangría de nuestra tierra, síntoma evidente de que nuestro nivel fue y sigue siendo bajo.

Integraban la Parroquia, en dicha época, algunos muy pocos estudiantes y “señoritos”; algunos artesanos dotados de gran habilidad y gusto, como Ramón Pajón, José “das Cortes”, etc., siendo los restantes agricultores pacíficos, merecedores de mayor consideración de la que pudo ofrecerles la suerte de una Galicia menospreciada desde antaño.

Texto e imaxe aportada por José María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes

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