HISTORIA DE UN ABRAZO

¿Hay algo más temible que la muerte? Sí. Más que la muerte tememos tener que depender de otro, acaso para todo. Y, sin embargo, en la necesidad se apoya y alza la virtud ¿Dónde podremos contemplar su figura? En ese sentimiento tan elemental que es el cariño. Allí contemplamos unidas la necesidad y la virtud, el dolor y la belleza, el vacío y la plenitud que la mente humana acaba separando y oponiendo entre sí inexplicablemente.

El cariño sostiene al necesitado y necesitados, en un momento u otro, lo somos todos. Las ideas y las creencias, por más hondas que sean sus raíces en nosotros, no pueden sostenernos. Somos nosotros, más bien, los que las sostenemos y defendemos. Sin amor la fe es ciega y la razón, fría.

Inexplicablemente se han separado. Intuyo la razón: reconocerse necesitado y no un mendigo que se viste de príncipe es de pocos. En la historia sagrada hay una figura cuya exaltación ha encubierto su verdadero rostro. Me refiero a la Virgen María. El evangelio de Lucas nos permite entrever aun su rostro y unidas en él la necesidad y la virtud, el dolor y la belleza, el vacío y la plenitud. Pero los traductores han venido hablando del saludo del Ángel a María y del saludo de María a Isabel. La palabra “saludo” ya no habla a nuestros oídos de aquel cariño que expresaba la voz original. María no salió al encuentro de Isabel -una madre al encuentro de la otra- simplemente para saludarla. Sonaría ridículo el relato de una mujer que se pone en camino “con ardor” -leemos en el original- y que sube montañas hasta llegar a la casa de su prima solo para eso.

Una madre salió al encuentro de la otra para sostener su fe. Hace falta mucha fe para ser madre, para ser hombre o mujer, para ser alguien en el mundo… Pero también hace falta cariño para sostener esa fe. La fe es don divino. El cariño que sostiene a las personas en su fe, en el sentir profundo de su propia identidad, es, en cambio, humano. Lo divino se ha manifestado en el mundo bajo la forma de la necesidad, el Principe bajo los harapos de un mendigo. Isabel recibe el abrazo de María y se llena del Espíritu Santo, según San Lucas. Sin ese gesto entrañablemente humano el Espíritu divino no habría descendido. Y ni la Virgen habria sido glorificada ni Isabel sido la voz de todo un pueblo…

Texto escrito por V.M.P

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