DATOS Y DONES

Hay una distancia infinita entre el ver y el mirar. El ojo que ve no es el mismo que mira. Uno se limita a ver. El otro quiere ver. Para unos hay lo que hay. Para otros hay más de lo que parece. La distancia entre el ver y el mirar es la misma que separa el dato del don. El dato es un hecho medido. El don, en cambio, no tiene medida. Solo podría medirlo el donante. Y no lo hace. Si el donante midiera sus dones no daría nada. No habría don alguno.

Los hechos más demoledores son los que anuncian el fin del mundo. Los datos más desalentadores, los que ponen fecha al fin previsto. Pero el fin del mundo es, en realidad, el fin de un mundo. Y el fin de un mundo es, a su vez, el principio de otro. Los ojos ven el fin en los hechos y en los datos que miden los hechos con rigor. Pero la mirada ve más allá de los hechos y los datos. La mirada ve más allá del fin, de todo lo finito.

Cada vez que termina el año litúrgico la Iglesia proclama el evangelio del fin de los tiempos. Los hechos más demoledores anuncian el final:

«el sol se cubrirá de tinieblas, la luna ya no dará su resplandor, las estrellas se acabarán cayendo del cielo…».

Es el final, sin duda. Tras la aparición de falsos cristos y falsos profetas que llegarán a seducir incluso a los elegidos, ¿qué cabe esperar? Cuando las tinieblas de la tristeza o la desesperanza cubren el corazón humano, acaban cubriendo también el mundo entero. Cuando estoy negro por dentro todo lo veo negro. Todo va mal para quien se siente
mal.

Pero la mirada ve siempre más allá de uno mismo. Más allá aun del mundo visto por uno mismo. Más allá incluso del mundo visto por muchos que están viendo lo mismo. Más allá, en suma, de los hechos más demoledores y los datos más desalentadores. Después de todo, el ojo que se limita a ver no se limita a ver, en realidad. Nadie hay que vea algo sin verse a sí mismo -sin ver las tinieblas de sus propios temores- en aquello que está viendo.

La palabra de Cristo es elocuente, al respecto:

«cuando uno ve brotes tiernos en las ramas de una higuera, sabe que se acerca la estación del fruto…así también vosotros, cuando veais todos estos hechos, sabed que el fin está en puertas».

Una cosa es ver y otra diferente saber o conocer. Conocer no es ver hechos o recabar datos ¿Será entonces mirar dones?

Los datos son hechura nuestra. Somos nosotros quienes medimos y valoramos los hechos. Los datos no se dan. Nadie los da. Los dones, en cambio, no son cosa nuestra. Los dones se nos dan. Alguien da. Alguien se acerca. Alguien se hace presente. El donante es el don en persona. La gracia es Cristo. El Resucitado no es visto. La Resurrección no es un hecho que podamos reducir a dato. Es el don que llama y une. Es la Palabra de Dios que convoca a los elegidos de un extremo a otro de la Tierra.

El final del mundo es, pues, el final de un mundo. El Resucitado le ha puesto fin. Ha puesto fin a un mundo en el que podemos asistir espantados a los hechos más demoledores y a los datos más desalentadores para dar comienzo a otro: el mundo del don sin medida en el que las personas se dan, se miran y tratan sin temor, se dicen palabras veraces, aquellas de las que está escrito:

«cielo y tierra pasarán pero mis palabras no pasarán».

Texto escrito por V.M.P.

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