LOS BIENES ECLESIÁSTICOS USURPADOS A LAS PARROQUIAS DE AS PONTES EN LA “DESAMORTIZACIÓN” DE MENDIZÁBAL

Neste artigo, publicado na Revista das Festas do ano 1995, D. Enrique fai un repaso de dos bens da Igrexa que foron incautados na Desamortización de Mendizábal no ano 1835.

LOS BIENES ECLESIÁSTICOS USURPADOS A LAS PARROQUIAS DE AS PONTES EN LA “DESAMORTIZACIÓN” DE MENDIZÁBAL

Por D. Enrique Rivera Rouco

Cronista Oficial de As Pontes

A todos nos suena el nombre de este fenómeno ocurrido en el siglo pasado: “La desamortización de Mendizábal”. Mendizábal era sobrenombre el primer Ministro de Isabel II, Juan Álvarez Méndez, quien ejerció ese cargo, como Presidente del Gobierno, durante los años 1835 y 1836.

Con fecha 11 de octubre de 1835 dictó el decreto de expropiación de los bienes raíces, mayoría de edificios, censos y rentas de los Conventos y de los bienes religioso de las Parroquias, considerándolos “propiedades muertas”, de ahí que denominase “desamortización” a esta hazaña, que el historiador Menéndez Pidal calificó de “inmenso latrocinio”.

¿Y, en nuestras fechas, qué calificación podríamos dar a estos hechos? Y diría que todos los extremos son malos.

Ciertamente que entonces los Monasterios eran económicamente potentados, debido a las donaciones señoriales que recibieran con múltiples territorios que les rendían tributos, así los Conventos de Celanova, Oseira, Sobrado, etc., y, cerca de nuestra zona, los de Caaveiro, Monfero y otros.

Pero el otro extremo ha sido el expropiarles la totalidad de sus bienes reduciéndoles a la miseria, de suerte que los monjes tuvieron que abandonar los monasterios y malvivir dedicándose a regir parroquias y a la enseñanza en las aldeas.

Entonces los edificios de aquellas Comunidades pasaron a servir para alojar cuarteles de la Milicia Nacional, casinos, logias masónicas o bien de alquileres para tiendas y almacenes.

La gente robaba los materiales de esos edificios, y sus riquezas eran vendidas o trasladadas a Madrid, pereciendo un número incalculable de obras de arte, bibliotecas y archivos; solamente en parte fueron recogidos en las Bibliotecas provinciales y Archivos del Estado.

Los mencionados bienes inmuebles fueron subastados en precios baratos, por lo que el Estado en nada se enriqueció, más bien resultaron beneficiados los compradores, quienes luego los revendieron con fuerte ganancia, formándose así muchas fortunas que ocasionaron el desarrollo de la usura, y al colono mayor opresión de la que ejercían los monjes.

En las Parroquias, Mendizábal expropió los “Iglesarios” o sea las fincas de que estaban dotadas para el sustento del Cura y para apastar el caballo (único medio de locomoción de entonces), dejándoles solamente unas áreas de terreno para huerto al lado de la Casa Rectoral.

Algunas, muy pocas, Parroquias esquivaron el desastre presentando una escritura de venta, con fecha anticipada, a un feligrés, el cual, pasada aquella época aciaga, devolvió los bienes a la Iglesia. Esto ocurrió, por ejemplo, en la Parroquia de San Bartolomé de Corbelle (Villalba) que aún posee uno de los mayores “Iglesarios” de la Diócesis: 1200 áreas de territorio.

También en otras Parroquias terminó en fracaso esta maniobra, ya que el feligrés presuntamente beneficiado, no restituyó luego el caudal. Sucedió este caso en la Parroquia de Lousada (Xermade), donde el vecino del Barrio de Abelleira, al que fuera confiada la operación, se aferró a la supuesta venta del “Iglesario” (que comprendía toda la vertiente desde el cementerio y el Barrio de Choutar hasta la casas del Mesón y Portoferreiro), adjudicándose la propiedad, y, con tal motivo, el Párroco terminó sus días enfermo mental.

No aconteció así en As Pontes en que la Feligresía fue despojada de su patrimonio parroquial: la superficie del terreno de unas 10 hectáreas, comprendida entre la Avda. de Ortigueira y el Rego do Campo -ó Canal 4-, y desde el número 45 de la Avda. de Ferrol hasta los Colegios de A Magdalena y Monte Caxado.

El comprador de esta propiedad fue D. Ramón Mesía, por lo que todo el entorno del taller “Seat” era denominado con el nombre de “Prado de Mesía”.

La Casa Rectoral se hallaba situada detrás de los actuales edificios números 75 y 81 de la Avda. de Ferrol hasta hace unos años en que fue demolida.

Sólo le queda una dependencia, cuya parte inferior corresponde a la primitiva Capilla de Sta. María Magdalena (antecesora de la Capilla del Carmen). Poseía un corral y 10 áreas de huerta.

Todo ello fue vendido en 1950 por el Párroco D. José Río Seijo para edificar con su importe la actual Casa Rectoral en la Calle de la Iglesia, número 5.

En el Archivo Parroquial se conserva el expediente de un pleito ente el Cura de As Pontes y el terrateniente Manuel Cora, que comprueba la ubicación del “Iglesario” concordando con la tradición popular.

Conforme este legajo, de finales del siglo XVIII, el arroyo “Rego do Campo” marcaba el límite ente la propiedad de la Iglesia y la del terrateniente. Ambas poseían el derecho de regar las fincas, y el Sr. Cora se extralimitaba rapiñando más agua de la que le correspondía.

El litigio terminó con veredicto favorable al Cura, teniendo que ponerse en regla el contrincante.

Aquella célebre incautación de Mendizábal realizó también el despojo de dos importantes fincas pertenecientes a la Cofradía de Ánimas de As Pontes, situadas una en la orilla del río Eume junto al lugar de A Ribeira Nova, dedicada a pastizal, y la otra de tierra de labranza, en el barrio de Illade.

Asimismo fue confiscada una vivienda y un lugar rústico en As Barosas, bienes fundacionales del Santuario de San Martín de Gondré, para el sostenimiento de su Capellán; patronato constituido por el Conde de Ortigueira, D. Diego Pérez Sarmiento, favorecido con dicho título nobiliario por el Rey Juan II en Marzo de 1442, habiendo alcanzado su dominios hasta Gondré y que fueron redimidos en 1927 por su sucesora Dª Blanca de Mera, tras haber pasado por la pertenencia de la prestigios Familia Pita Romero.

Hay en el Archivo Parroquial un informe sobre la cobranza de las rentas de estos bienes por parte del Cura de As Pontes, que entonces (en 1830) reemplazaba las funciones del Capellán.

Fue también expropiada la finca denominada “Obra Pía”, que tenía su asentamiento en el paraje de “Tras da Ponte”, entre el puente Romano y la nave de Severiano y fuera adquirida por los monjes de la Orden de los Hospitalarios, sucesores de la Orden de “Malta” en el siglo XII.

Con esta propiedad; es decir, con sus productos, era financiado el Hospital que fundaran en As Pontes, y en la Plaza que lleva su nombre “Del Hospital”, cuyo edificio se hallaba en las fincas número 5 y 7 de la misma; de su existencia informa el Censo del “Marqués de la Ensenada”, redactado en As Pontes en 1755, en que lo define como “Hospital para pobres, peregrinos y viandantes”.

De la fecha de esta fundación no hay constancia. Sin duda proceda de la Edad Media. La documentación de aforamiento y redención de la finca (que conservan los actuales propietarios) la nombra con el título de “Obra Pía”.

Praza co Hospital

Al ser privado el Hospital de su medio de financiación dejó de actuar teniendo que retirarse el Médico que lo asistía y las personas que presentaban servicio.

Pasó a ser Escuela Nacional hasta el año 1915 en que fue demolido por orden del Alcalde D. Alfonso Yllade.

Las personas mayores de la Parroquia recuerdan ese benemérito edificio, e incluso se conservan fotografías del mismo.

Aquella depredación de los bienes eclesiásticos desposeyó la Parroquia de O Freixo de un gran monte, llamado “Serrón do Santo”, que se halla entre el Caxado y la Iglesia, al lado de la pista de acceso, en su margen izquierda hacia el Barrio de Covas.

Asimismo, en la Parroquia de Vilavella, fueron usurpados dos amplios prados frente a la Iglesia y a la Rectoral, en los que se efectuaba la fiesta de San Andrés y que pertenecían a la Parroquia.

En Aparral ha sido requisada la propiedad parroquial que comprendía una finca de grandes dimensiones con la Casa Rectoral en el Barrio de Ares (o Aparral de Arriba).

Según los libros del Archivo de esta Parroquia, en esas fechas dejó de tener Cura propio, siendo agregada a Roupar con la categoría de “Feligresía Aneja”, vulgarmente “Anexo”.

Actualmente sólo se aprecia la cimentación de la casa. Toda la finca es propiedad privada.

Es curioso que los “ejecutores” de Mendizábal se les pasó expropiar la finca de “Ánimas”, de 50 áreas, que todavía posee la Parroquia en la vertiente del Barrio de La Visura y que sigue siendo respetada como propiedad de Las Ánimas.

De igual manera perdieron sus bienes las restantes Feligresías de este Municipio (excepto Somede, porque aún no estaba constituida como Parroquia). No poseo los datos concretos para definir los bienes enajenados en las Parroquias últimamente agregadas a As Pontes, aunque es tradicionalmente cierto que sufrieron tal desvalijamiento.

Ante estas injustas expoliaciones de los bienes eclesiásticos el Papa Gregorio XVI protestó al Gobieno Español, pero no tuvo efecto su requerimiento y continuó hasta su consumación la referida estafa.

Entonces el Papa penalizó con excomunión a quienes comprasen los bienes de la Iglesia.

A este respecto hay en el Archivo Parroquial de As Pontes un reescrito del Prelado de la Diócesis de Mondoñedo, D. Ponciano de Arziniega, en que dispensa de la excomunión al vecino de Illade (antepasado de la Familia Picos) por haber adquirido, en la subasata, la finca de Las Ánimas ubicada en dicho Barrio, y a cambio de practicar algunas “obras de penitencia y caridad”. En resumen, de todos estos pillajes y otros de los que ya no tienen memoria nuestros mayores, cabe decir que hirieron de muerte los Conventos y demolieron el gran patrimonio cultural de los archivos bibliotecas, obras de arte y objetos de mérito, principalmente de los Monasterios, pero también de las Parroquias, en las que requisaron libros y mobiliario valioso que fue deportado a Madrid, como relicarios, cálices, crismeras, cruces, lámparas, etc. de oro y plata.

A la Reina, Isabel II, aunque vinculada al Partido Liberal, su conciencia de mujer católica no le transigía presidir el desastre de la “Desamortización”.

Con el fin de reparar estos desmanes llegó a lograr un convenio con el Papa Pío IX, en el año 1868, pero cuando iba a promulgarlo fue destronada y exiliada en Francia. Como que el convenio estaba hecho y aprobado lo promulgó en el año 1874 el Jefe del Gobierno, General Serrano.

En virtud de este acuerdo se comprometió el Estado Español a prestar, pro tiempo ilimitado una ayuda económica al sostenimiento de la Iglesia, conocida por “dotación del Culto y Clero”.

Esta subvención, aunque en pequeña cuantía fue dispensada a la Iglesia a lo largo de las siguientes Monarquías, suprimida en la Segunda República y finalmente restaurada por el Gobierno de Franco.

Actualmente versa en plan de extinción con el deseado proyecto de que la Iglesia se autofinancie por si misma, lo cual es fácil por el momento, ya que el pueblo no está concienciado en ello.

Enrique Rivera Rouco

Cronista Oficial de As Pontes

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