EL MILAGRO DE LA VIDA

Versión audio: «El milagro de la vida»

¿Por qué Jesús no nació de un padre y una madre como todos los niños del mundo? ¿Qué significa aquello de que su madre, Maria, concibió por obra y gracia del Espíritu Santo? Si Dios vino a este mundo en la persona de su Hijo como un ser humano cualquiera, «en todo semejante a nosotros menos en el pecado» -según San Pablo-, ¿a qué viene atribuirle un origen sobrehumano? ¿No le vuelve este origen menos humano? A todas estas preguntas creo que cabe responder con otra, mucho más compleja: ¿qué es lo que nos hace humanos?


Y la respuesta a esta otra pregunta me parece que podemos encontrarla en las dos anunciaciones: la del Ángel en vigilia a María y en sueños a José. Por allí anda, tal vez, la respuesta a nuestras preguntas comunes, a todas esas preguntas que empiezan con la fórmula «¿por qué no…?»:

¿por qué los curas no pueden casarse? ¿por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes?…o, de nuevo, ¿por qué Jesús no nació como todos los niños?

Vivimos en un mundo que acaba reduciendo todas las preguntas a una sola: «¿por qué no…?». Reduciendolas simplificamos su contenido. Acabamos con su sentido. Ya no son verdaderas preguntas. Son afirmaciones tacitas:

¡claro que Jesús nació de un padre y una madre! ¡claro que los curas pueden casarse o las mujeres ordenarse! etc

En realidad, la pregunta simple y natural «¿por qué no…?» no es tan natural como parece. Lo natural no es preguntarse «¿por qué no?». Lo natural es preguntarse «¿por qué?»,o bien, «¿cómo?» Es lo que le pregunta María al Ángel:

«¿cómo va a ser esto posible si yo no conozco varón?»

La pregunta que adivinamos, a su vez, en la mente de José -porque él, de tan prudente que es, nada dice- tras el anuncio del Ángel podría formularse en éstos o parecidos términos:

«¿por qué me ha pasado esto a mí…?» o, tal vez, «¿por qué me ha hecho esto María, mi mujer?».

La pregunta por el sentido de las cosas que nos importan en la vida es la pregunta asombrada de la filosofía o la pregunta inquisitiva de la ciencia. Es la pregunta de la razón. Pero es también la pregunta del corazón. Lo que nos hace humanos no es únicamente la razón. También el corazón nos humaniza.

La razón alcanza un vuelo que el corazón no puede. El corazón vive apegado a la tierra. Sus alas son muy cortas: apenas sobrevuela. Por eso le afecta casi todo, sufre fácilmente. El que se pregunta «¿por qué?» puede acabar preguntandose «¿por qué no?». Es el vuelo fascinante desde la ciencia a la técnica. Empezamos preguntándonos, por ejemplo, por qué vemos la luna tal como la vemos desde la Tierra. Hoy ya nos preguntamos por qué no viajamos todos a la luna. La técnica ha convertido y seguirá convirtiendo nuestras visiones en realidad. Pero ¿qué pasa con los los ángeles y los sueños de los que nos habla la Biblia? No esperan de nosotros que los convirtamos en realidad. Son la realidad. Y, porque son la realidad, tienen el poder de cambiar la nuestra. Cambian nuestro corazón, esto es, nuestra realidad más humana.

Y llega el momento, al fin, de preguntarse: si el niño Dios hubiera nacido como los demás niños, ¿habría cambiado la vida de su Madre? ¿O acaso no cambia la vida de sus padres cada nuevo nacimiento? ¿Qué es más prodigioso?: ¿el nacimiento de Jesús o el tuyo y el mío? ¿Es que no es también un milagro cada nuevo nacimiento? La cuestión de fondo es si lo que nos hace humanos es el reconocimiento de nuestros derechos a ser iguales o el reconocimiento de lo que nos hace diferentes y fruto de un milagro que la ciencia se esfuerza en explicar.

Los derechos reducen todas nuestras preguntas a la de siempre: «¿por qué no…?». El milagro que es la vida, desde su inicio hasta su término, mantiene viva y abierta la pregunta por el sentido de las cosas que nos importan, incluso el de aquellas que nos parecen en conflicto con nuestros derechos o necesidades como el sacerdocio de los varones o el celibato de los clerigos…


Y el milagro de la vida se celebra en Navidad
porque la vida, escribe Juan: «era la luz de los hombres»

Texto escrito por V.M.P.

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