LA VIDA ES UN LARGO CAMINO

Versión audio de «La vida es un largo camino»


Él se llama Wang. Y ella, Sun Jing. Para poder sobrevivir, esta pareja ha tenido que dejar a su hija de dos años, Siting, en los brazos de su abuelo, el padre de Wang, y abandonar el pueblo, Dongfa, en su Manchuria natal. Desde allí se han trasladado a Dalian, quinientos kilómetros al sur: él, para trabajar en una mina de hierro, y ella en una fábrica de pescado procesado. Un salario de miseria por diez horas diarias de trabajo. Ella se queda a dormir en la fábrica. Él comparte con otros veinte empleados una vivienda de dos habitaciones. Ni una foto de su hija: se echaría a llorar si la tuviera. Una vez al año, la pareja regresa a Dongfa y entrega sus escasos ahorros al padre de Wang, para que puedan sobrevivir su hija y él. La niña se pregunta entonces quiénes son estos dos desconocidos. Y eso que se lo repiten: son papá y mamá.



La historia de esta pareja es como la de tantos miles de desplazados por los grandes movimientos de la economía mundial y las políticas nacionales. En todas estas gentes he pensado al recordar el evangelio:

«Dichosos los pobres, porque es vuestro el Reino de Dios»

Cuando la situación nos desborda, ¿qué nos queda sino este clamor por un futuro mejor?

Si no le prestamos la atención que merece, el pasaje lucano de las Bienaventuranzas puede acabar angustiandonos y culpabilizandonos:

«¡ay de vosotros, los ricos…!»

Es como si tuviéramos que sentirnos culpables por tener bienes y ser felices. O como si lo ideal fuera pasar hambre y estar tristes. Semejante interpretación carece, por completo, de sentido. El propio José de Arimatea, hombre de buena posición, es elogiado en los evangelios por su gesto de ofrecer a Jesús una sepultura ¿Cómo entender, entonces, las Bienaventuranzas?



La clave de interpretación es aquí una visión del ser humano como llamado a crecer sin límites. La vida es un movimiento incesante que solo se detiene con la muerte. Es propia de la vida una evolución sin pausa, una infinita capacidad de adaptación y de cambio hasta encontrar la respuesta adecuada. Y, una vez encontrada, la vida reanuda su marcha ante las nuevas preguntas que se le van planteando. La idea de la vida como un largo camino es importante en el evangelio de Lucas. En él vemos a Jesús de camino a Jerusalén durante diez capítulos (9, 51-18,14), mientras enseña a sus discípulos lo esencial de su doctrina.

¿Cuál es, entonces, el problema con las riquezas? Los bienes se vuelven un problema cuando detienen la evolución del ser humano haciéndole creer que ya lo tiene todo en la vida y que no necesita cambio alguno en torno suyo. Podemos recordar, en este punto, la historia de aquel joven rico que venía cumpliendo los mandamientos desde su infancia y que le preguntó a Jesús: ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Cuando Jesús le invitó a dar un paso al frente y a seguirle en su camino, el rico se desanimó, incapaz de dar el paso porque sus propias riquezas se lo impedían:

«¡Ay de los que ahora reís porque gemireis y llorareis!»

Pero no creamos que únicamente las riquezas pueden impedir la marcha hacia adelante y destruir la vida. También el miedo, de muchas maneras. Y la sed de poder. O el ansia de prestigio, tanto en el ámbito público como en el religioso:

«¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros…!»



¿Hay que bendecir, entonces, la pobreza? No necesariamente. Hay pobrezas que destruyen. Hay pobrezas que se transforman en rabia y amargura. Lo que hay que bendecir son las condiciones de vida que permiten vivir en plenitud y evitar todas aquellas ilusiones que acaban siendo trampas para los vivos. Hay que bendecir las condiciones que nos ayudan a seguir el camino y mantienen vivo nuestro anhelo de un mundo mejor. La pregunta es, pues: ¿en qué condiciones podemos seguir el camino? Por desgracia, a menudo cuando ya no tenemos nada que perder es cuando nos planteamos las verdaderas preguntas, dispuestos a dar pasos hacia adelante.

Es normal que un joven se ponga en camino hacia un mundo mejor. Jesús tenía treinta años cuando recorrió Palestina para hablarnos de un mundo mejor ¿Y nosotros? ¿Dónde estamos? ¿Somos capaces de acompañar a Wang y a Sun Jing? ¿Estamos en el camino de Jesús?

André Gilbert

Trad. de V.M.P.

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