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Adiós 2020, bienvenido 2021

Pedro Antonio de Alarcón en una hermosa meditación -eso solo es un estracto- de Año Nuevo, escrita hace más de siglo y medio

»—¡No han muerto, no —decíais—, ni los seres que lloro ni las virtudes que no practico! ¡No han muerto ni mi fe, ni mi entusiasmo, ni mis padres y maestros, ni mis amigos y mis amores! ¡No han muerto, no, mi inocencia, mi esperanza, mis creencias, mi alma, en fin! ¡Mentira y vanidad es cuanto ansié en la tierra: mentira y vanidad aquella vida; mentira y vanidad son el poder y las riquezas y los honores; pero mi alma, pero mi llanto, pero mi Dios no son ni vanidad ni mentira!

»Supongamos que en este momento dieron las doce los relojes de Madrid. ¡Era Año Nuevo! Pero los muertos no añadieron un guarismo a la losa de su sepultura, ni los astros brillaron más ni menos que el día de la Creación. Entonces dijisteis:

»—Para las tumbas y para el cielo, el tiempo no tiene medida. El alma carece de edad; y, mientras caen deshechos los ídolos de barro que erige la soberbia del hombre, el espíritu se purifica en el destierro para asistir al banquete de la Inmortalidad. El tiempo es el verdugo del que duda y el amigo del que espera.

Adiós 2020. Bienvenido 2021.
Que Dios nos acompañe en este nuevo año.

Na escolar do amor

“Xa os meus ollos viron o teu Salvador” (Lc 2, 22 y ss.)

Cando chegou o tempo da purificación, Maria e Xosé levaron o seu neno a Xerusalem para llo presentaren ao Señor conforme a lei de Moisés. Non foron ao templo como quen vai cumprir un mandado. Foron movidos polo Espirito Santo. A lei manda pero non axuda a cumprilo mandado.

Quen axuda, move e fai mais doado o cumprimento da lei e o Espiritu Santo. A vida e as obrigas de cadaquen fanse mais doadas cando un atopa no seu camiño o sorriso e o acollemento de outro que ten tamen a sua vida e as suas obrigas. E o que lles pasou aos pais de Xesus ao chegarem ao templo co neno no colo.

Saiulles ao encontro o vello Simeon, que viña ao templo movido tamen polo Espirito Santo.”Para o xusto non foi posta a lei”, escribiu Santo Agostiño nun dos seus mais fondos tratados. E ben certo. A lei non foi posta para o xusto porque o xusto ben sabe o que ten que facer e faino con xeito. Non o fai porque a lei llo mande. Faino porque o amor lle move a facer o que a lei lle manda.

Sempre houbo e habera leis inxustas. Para o xusto, poren, non hai lei, nin xusta nin inxusta. O xusto sabe o que ten que facer. E cando. E onde. A sua lei non está escrita fora do seu corazón. Ali o Espirito do amor, o Espirito de Xesus, escribiuna con verbas inefabeis, verbas que non se poden dicir nin ouvir. A vida mesma fala con elas. E o que teña oido para oilas que as oia.A lei e o criado, o pedagogo, segundo os Pais da Igrexa, que leva o neno a escola.

A escola e o Espirito do amor, o Espirito de Xesús, que axuda, move e fai doado o cumprimento da lei. Cando o criado chega a escola termando do neno, o cativo xa non o e. Xa e un home: alguen que sabe o que ten que facer e faino. Vaise enton o criado. Fica o home. Cando o vello Simeon sae ao encontro dos pais de Xesus no adro do templo, chega xunto deles, colle o cativo nas mans e sabe, naquel mesmo intre, que pode acougar. Coa sua cantiga de louvanza ainda hoxe a Igrexa remata, a noitiña, a sua pregaria cotia: “Agora podes, Señor, despedir en paz o teu servo…”.

A vida e as súas obrigas fanse doados cando chegamos a escola do amor, alí onde atopamos o sorriso e o acollemento do que terma de nós e vaise logo…

Escrito por V.M.P

Lo que no somos

“No era él la luz sino testigo de la luz” Jn 1, 6

Saber lo que no queremos ser, le oí decir una vez a cierto sabio, ya es algo. Sabiendo lo que no quiere ser es como empieza uno a saber lo que quiere. Yo, en cambio, no pienso así. El fariseo en oración sabía que no quería o no creía ser como el publicano en quién tenía puestos sus ojos en vez de ponerlos en su Señor. Los acusadores de Socrates creían saber quién era el que estaba corrompiendo a los jovenes. Pero se mostraron incapaces de señalar quién era el que los hacía mejores. Saber lo que no queremos o no creemos ser no siempre nos ayuda a descubrir lo que somos y queremos ser. Tanto el fariseo como el acusador de Sócrates, si algo ponen de manifiesto, es su profunda -y culpable- ignorancia. Creen saber lo que no saben.

Por eso la figura de Juan el Bautista, sometido al interrogatorio de los sacerdotes y levitas enviados desde Jerusalén, crece tanto a nuestra vista. Enfrentado a los profesionales de la religión, es decir a quienes creen saber lo que son y quieren ser, Juan se revela en su verdad más íntima. Dice, ante todo, lo que él no es. Tener claro lo que no somos no tiene nada que ver con proclamar, como el fariseo o el acusador de Sócrates, lo que no queremos ser. Una es la verdad. Otra, la opinión. La opinión puede estar equivocada. La verdad, en cambio, nada tiene en común con la mentira.

Juan no era la luz sino testigo de la luz. Cuanto menos queremos brillar, enseña San Bernardo, más verdadera es nuestra luz. El Bautista, que pudo brillar ante la muchedumbre de los que bajaban al Jordán a ser bautizados por él, no quiso lucir sino arder. Anunció así un bautismo de fuego y Espíritu el que nos invita hoy a nosotros, con el testimonio de su vida, a descubrir y manifestar a los demás nuestra verdad más íntima: lo que no somos.

Texto escrito por Víctor Márquez, sacerdote de la UPA de As Pontes

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Así de hermosa, lucía hoy la imagen de la Inmaculada Concepción en la misa celebrada hoy.

Realmente llena de gracia y bendita entre todas las mujeres, en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida, por el papa Pío IX, como verdad dogmática recibida por antigua tradición (1854).

TRIGO LIMPIO

“Detrás de mí viene el que puede más que yo” (Mc 1, 1-8)

Me parece que hay dos maneras de ser humilde. Una consiste en quitarse importancia a sí mismo. La otra, en dársela a quien necesita que se la demos. La ascética tradicional ha recomendado vivamente la primera pero descuidado, ignorado incluso, la segunda. Por eso, en el trigal de los hombres con fama de virtud, ha crecido la cizaña de los recelosos ante otra especie de virtud que no sea la ya reconocida.

De Juan, el precursor del Mesías, sabemos, sin embargo, que fue trigo limpio. Él no era “el que había de venir” pero supo prepararle el camino. Pudo pasar por Mesías y ser aclamado entre la gente pero escogió ser la voz del que grita en el desierto. Fue la voz, no la Palabra. La Palabra, observa San Agustín, ha creado la voz de los profetas de ayer y de hoy, cuya figura y cumbre es Juan el Bautista.

“El mayor de los nacidos de mujer, si bien el más pequeño es mayor que él”, en palabras de Jesús. Y es que si “humildad es andar en verdad”, como proclama nuestra santa más humana y universal, no hay humildad tan verdadera como hacer mayor al más pequeño, esto es, darle a cada uno la importancia que necesita.

Ser la voz de la Palabra, abrir camino a quien necesita andar el suyo, poner la luz en el candelero para que ilumine toda la casa. Sin recelos propios de hombres, tal vez, faltos de miras: con fama de virtud pero con miedo.

Escrito por Víctor Márquez, sacerdote de la UPA de As Pontes

ESTAR AHÍ

Corona de adviento 2020 Iglesia Santa María de As Pontes

“Le encargó que estuviera alerta…” (Mc 13, 34)

En la parábola del dueño de la casa que se va de viaje y confía a sus criados el cuidado de la hacienda solo uno de ellos recibirá el encargo de permanecer a la espera hasta la venida de su señor. Es el portero. Los demás podrán ocuparse tranquilamente de sus tareas porque uno de ellos ha quedado encargado de la más delicada de todas: permanecer alerta, a la espera, hasta la venida del Señor.

Estar ahí, como esa persona con la que sabes que puedes contar en un momento crítico. Cuando venga el Señor te avisará. Mientras tanto cuidará de ti en silencio. Su tarea, la de velar por los demás o cuidar de ellos, es, a menudo, poco valorada. En nuestra sociedad las tareas productivas gozan de mucho mayor reconocimiento que los desvelos humildes del que cuida, vela, está siempre a nuestro lado y no le vemos.

¡Qué sería de nosotros, sin embargo, en este tiempo de pandemia sin tantas personas anónimas que son, a su manera, el portero de la parábola evangélica que se proclama en todas las iglesias este primer domingo de Adviento…!

Texto escrito por Víctor Márquez Pailos.