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LA FERIA DE AS PONTES

Damos un paso no tempo e nos trasladamos ao ano 2002 para ver o derradeiro artigo de D. Enrique publicado na revista das Festas Patronais. Logo comezaría a enfermidade a ser máis forte e deixaría de publicar xa estes artigos.

Neste caso, fálanos da feira de As Pontes e danos datos históricos dela, así como nos di onde estaba situada.

Nos últimos anos as feiras nas Pontes foron indo a menos, lembro que de neno duraban todo o día e os rapaces non tiñamos clase o día da feira, de que había xente que ficaba a durmir nas Pontes e que viña moitísima xente dos lugares próximos e non tan próximos e, asemade, doutros concellos, coma de Vilalba, Xermade, Muras, Mañón, Cedeira, Moeche, Igrexafeita, Pontedeume… Moitos deles viñan a pé ou acabalo, cargados coas mercadorías para vender ou trocar, porque iso tamén o lembro, como non había cartos trocábase unhas cousas por outras. Miñas avoas traían pelicas de manteiga e ovos e levaban coellos e galiñas, por exemplo. Non sempre era así, ás veces, levaban outras cousas que lles eran precisas, é un exemplo.

O que quero dicir, é que as feiras foron cambiando e evolucionando ao longo dos anos, trocaron varias veces de lugar e, hoxe, coa pandemia xa so queda un pequeno asomo do que foron. É algo que esmorece e que había que recuperar, pois dábanlle vida ao pobo.

LA FERIA DE AS PONTES

Por D. Enrique Rivera Rouco

Cronista de la villa.

La feria de As Pontes vino siendo desde el siglo XIII hasta hace unas décadas un insigne mercado donde se reunían compradores y vendedores de diversas mercancías, diversos objetos, comestibles, ganados, prendas de uso personal, etc.

Se celebraban los días 1 y 15 de cada mes. Antiguamente los feriantes llegaban al víspera a As Pontes y se marchaban al día siguiente convirtiéndose así en tres días cada jornada. En fechas más recientes duraba todo el día hasta la puesta del sol.

Las vacas, bueyes y terneros en compra-venta se situaban en el extremo oeste del “campo da feira” (actualmente parque municipal), sobre los solares del actual juzgado (casa de D. Pedro), cámara agraria, mercado municipal y un trozo del campo.

El ganado ovino y caprino, con sus lanas y pieles se encontraba en la calle Curros Enríquez, donde también se traficaban zuecos, zuecas, cribas, herramientas de labranza, objetos de artesanía, de fundición metálica, plantas vegetales de diversas especies; y, en la prolongación de la calle Alexandre Bóveda calzados de todas las clases, tómbolas, cómicos, etc. y no faltaban carteristas, procedentes en su mayor parte de Lugo.

La Plaza de América (hoy plaza roja) y la Avda. de A Coruña estaban invadidas por huevos, carnes, conejos, etc. y en la calle de la Iglesia, Plaza Real y Plaza de la Iglesia las semillas y cosechas de trigo, centeno, avena, patatas, col, nabo etc.. Este sector de la feria era denominado “azougo”.

Los cerdos eran expuestos en el extremo Sudoeste de dicho campo frente a la desembocadura de la Avda. de Vilalba, los caballos en el resto del campo hasta la actual “grupo de casas baratas Calvo Sotelo” llenándose de este modo todo el campo de la feria.

Las ferias proporcionaban un día de expansión y regocijo, siendo, junto con las fiestas patronales y del barrio la única diversión para las aldeas de la comarca, ocasión de reunirse y hablar con parientes y amigos.

Era asimismo para los paisanos el día indicado para arreglar los asuntos importantes de la vida campesina, ya que al haber medios de locomoción, venían al notario, al médico y en general para llevar provisiones a casa hasta la feria siguiente.

Venían autocares por las aldeas, desde las ciudades de Ferrol, Coruña, Lugo, Ortigueira, Vilalba, Betanzos, etc. Acudían varias atracciones, jugadores de naipes, pulpeiras y otros alimentos ya preparados que animaban el día. La fundación de esta feria se remonta al reinado de Alfonso X el Sabio cuyo mandato duró de 1252 a 1284.

Este monarca ha dado un importante impulso a la cultura y al economía, entre otras cosas instaurando y erigiendo las ferias para lo que se arrogó el derecho exclusivo para establecerlas y entre otras declaró a As Pontes como “pueblo comercial” y le asignó la feria del primero de cada mes, ampliándose después con el día 15.

Así consta en el antiguo tratado “Novísima recopilación”, que conserva el archivo de Liria (de los Alba, en Madrid) en el libro IX, leyes 1ª y 2ª. Fue feria notoria y ponderada ya desde sus comienzos, como refleja del relato de su suspensión y reanudación en el s. XVIII.

Narra un legajo que se conserva en el Archivo Municipal de Ferrol que “en el año 1775 el intendente mayor dela provincia de Betanzos (a la que pertenecía As Pontes) dio orden de suspensión de las ferias de As Pontes, con motivo de la denuncia presentada al efecto por el Sr. Administrador de Rentas provinciales del Partido alegando que As Pontes tenía impagados los impuestos correspondientes a dicha feria desde hacía algún tiempo “…”, la interrupción de este “mercado franco” en los primeros días de cada mes (el 1º) que venía ejecutándose desde tiempo inmemorial con ingente número de transacciones causó un daño muy grave a la villa y a la comarca cuyo único medio de abastecerse de las cosas necesarias y de vender sus frutos era la feria… ”Las autoridades de Puentes y la comarca (Alcalde mayor y mayordomos de las Parroquias interpusieron apelación en la <<sala de justicia del Consejo de Hacienda>> y por la gracia expresa del Rey Carlos III, con fecha 27 de Junio de 1788, pudieron reanudarse las ferias hasta nuestros días… continúa siendo en apogeo una de las mejores ferias de Galicia…”

En la actualidad y debido a la industrialización del pueblo y comarca sufren gran decadencia, quedando reducidas a la mínima expresión; tiendas de artículos de vestir, comestibles, pulperías y otros enseres.

La ganadería fue relegada a un pabellón habilitado en el poblado de A Fraga, con disgusto de los comerciantes del pueblo, pero habiéndolo ordenado así el Ministerio de Sanidad.

Allí son también expuestos y liquidados tractores y maquinaria agrícola. Las ferias perdieron razón de ser al haber pistas y medios de transporte a las aldeas, reparto a domicilio, etc. Total que nos tocó vivir la agonía de la agricultura en esta zona.

Enrique Rivera Rouco

(Fiesta patronal de 2002)

Texto e imaxe aportados por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes

AS PONTES Y SU DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Neste artigo publicado na Revista das Festas Patronais, no ano 1971, D. Enrique fálanos da devoción á Virxe do Carme existente nas Pontes de García Rodríguez dende tempos case que inmemoriais e como substituíu a antiga Patroa que era a Virxe da Asunción.

PUENTES Y SU DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Por D. ENRIQUE RIVERA ROUCO

COADJUTOR DE PUENTES

De todos es conocida la devoción que procesa el pueblo de Puentes a la Santísima Virgen del Carmen, y la tradición oral de nuestros antepasados nos testifica que tal devoción data de tiempo inmemorial.

Sin lugar a dudas que fue notablemente incrementada al ser establecida la Cofradía en 1736, cuyo primer fundador fue D. Blas Santomé y Aguiar, hermano del sacerdote párroco de Puentes D. Pedro Faustino Santomé y Aguiar, quien construyó a sus expensas la nueva Ermita, pues la Capilla primitiva (de igual advocación) no estaba enclavada en el lugar de la actual, sino adosada al edificio de la vieja casa rectoral, ante su entrada, sobre cuyas ruinas se alza hoy un Pabellón dedicado a pajar.

Ya en aquellas fechas debía ser grande la devoción a la Virgen del Carmen pues, según datos conservados en el Archivo Parroquial, la mayoría de los feligreses ingresaron en la recién creada Cofradía. Desde entonces se vinieron celebrando con gran brillantez y concurrencia las funciones de la Cofradía y la fiesta, así como las tradicionales procesiones, manifestación externa de esta gran devoción.

Como consecuencia la fiesta del Carmen fue adquiriendo extraordinario auge de tal forma que llegó a anular la fiesta patronal en honor de la Asunción de la Virgen, se celebraba el 15 de Agosto y que dejó de ser celebrada por el 1860, convirtiéndose prácticamente en Patrona de la Parroquia la Virgen del Carmen, hasta entonces Patrona de la Cofradía.En 1880, el párroco D. Antonio Ángel del Riego, reformó los estatutos “acomodándolos a las circunstancias del día” y amplió el edificio de la Ermita, dándole la estructura que conserva en la actualidad, tras haber sido ultimada y adecentada, en fecha más reciente por D. José Río Seijo.

Esta tradicional y firme devoción no sufrió disminución alguna hasta nuestros días, pese a las etapas de persecución religiosa por que hubo de atravesar la Iglesia Española a lo largo de los últimos cien años.

En la época actual, como la experiencia nos va mostrando, tampoco corre ningún riesgo, a pesar de que estamos viviendo una etapa hondamente difícil. Difícil, en primer lugar, por la momentánea crisis causada por los cambios o transformaciones que están operándose en muchas actividades de la Iglesia principalmente en la pastoral litúrgica; cambios exigidos por la misma naturaleza de la Iglesia, la cual, al correr de los siglos, tiene que conectar con el hombre, que a su vez es el mismo y distinto en cada tiempo.

Todo cambia, excepto Dios y su amor salvador, manifestado en Cristo y continuado por el Espíritu Santo en la Iglesia. Por lo que sería un concepto erróneo de la “Tradición” el considerarla como un peso muerto de costumbres y leyes de los mayores mantenidas a ultranza. Tampoco sería “Tradición” sana el no diferenciar lo esencial de lo accesorio, lo mudable de lo inmutable. “Tradición” en su sentido verdadero significa corriente vital; debe ser vida perenne, siempre nueva.

A la luz de estos principios se ve con claridad meridiana que las formas de piedad de las generaciones anteriores debían ser reformadas adaptándolas al cristianismo de hoy, en cuya mentalidad y manera de ser no encajan aquellas formas que favorezcan la sensiblería, el “cristianismo egocéntrico” o la piedad ritualista externa, sin compromiso personal.

Esta adaptación es particularmente exigida por nuestros jóvenes, en quienes bulle una fuerte ansia de colaboración, conscientes de que su participación en el plan salvífico no es una toma de posesión tranquila sino con muchos problemas.

Así son los jóvenes de Puentes: dinámicos, abiertos de corazón, con iniciativas; en quienes arraigó profundamente la devoción a la Virgen del Carmen, pese, repito, por una parte al ambiente de crisis que vivimos y, por otra, a hallarse inmersos en un mundo cada vez más secularizado, en que con la técnica y la ciencia comienza el hombre a dominar los abismos del mar y los espacios siderales sin acudir a Dios, cuya presencia echa cada vez menos en falta.

En suma, la fe y la devoción del Pueblo de Puentes a su excelsa Patrona continúa y continuará pujante, por más que haya crisis en la Iglesia o que aumente el ateísmo sistemático y práctico de la sociedad.

Texto aportado por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes.

O TEMPLO PARROQUIAL

Neste artigo da Revista das Festas Patronais do ano 1982, D. Enrique fálanos do Templo Parroquial de As Pontes, describindo ás súas diferentes partes e facendo alusión ás distintas reparacións e cambios ao longo do tempo, moitas delas, pouco atinadas.

A Igrexa Parroquial está situada no centro da Vila, a carón do noso río Eume. Posiblemente, cando só había Vila, o edificio máis alto do lugar, co seu campanario dominando a contorna.

A ponte dos “ferros” ou ponte de García Rodríguez era paso obrigado para ir do interior á costa e viceversa; o vello hospital “intra-muros” facía as súas funcións cos viaxeiros, peregrinos e demais xente que precisaba dos seus servizos, o concello e a escola tamén estaban na Vila. E no centro e dominándoo todo, a Igrexa.

Temos dúas fermosas lendas relacionadas con este lugar, a da “Eterna namorada” e a do “Home das Fragas da Ribeira”, a primeira ten relación co cemiterio que se atopa na parte traseira da Igrexa e a segunda acontece no interior do Templo.

EL TEMPLO PARROQUIAL DE AS PONTES

Obra antigua de indiscutible mérito artístico. Desde antaño vino sufriendo deterioros y reformas incoherentes con su estilo. Actualmente reclama y merece una completa restauración.

Por D. ENRIQUE RIVERA TOUCO

Cronista Oficial de As Pontes

El Templo Parroquial de Sta. María de As Pontes de García Rodríguez consta de tres naves rectangulares y paralelas, de las cuales la central posee mayores dimensiones y mayor antigüedad; ostenta en su cabecera, sobre el presbítero, una importante bóveda de granito de estilo genuinamente gótico, con nervios de crucería y estrellada en cinco claves ornamentadas con hojas de lis y hojas lanceoladas.

Tiene por acceso un arco peraltado, de sabor románico; por tanto desacorde con la bóveda, ya que además las pilastras en que descansa son de forma neoclásica.

Esta anomalía, en opinión de personas versadas en el arte que visitaron la Iglesia, debe proceder de una reparación realizada siglos atrás, habiendo entrado en ruinas el arco originario que tuvo que ser gótico y que fue reemplazado por el actual, que sigue la corriente impuesta en Galicia por la Escuela Compostelana (de los arcos redondos) incluso en las obras de distinto estilo.

Los libros parroquiales parten del año 1680 y no dan cuenta de su construcción que, por tanto, es anterior. Siguiendo la catalogación de las obras góticas de Galicia que recoge del Profesor J.M. Caamaño Martínez la obra “Historia de Galicia”, vol. 1º (págs.. 229-234), editada por CUPSA Y PLANETA, corresponde claramente nuestra Iglesia de As Pontes al tercer tipo del gótico, caracterizado por “nave cubierta con armadura de madera, capilla mayor poligonal, más estrecha que el resto de la nave y cubierta con bóveda de crucería”.

Este modelo de la corriente gótica ostenta las influencias de las Órdenes Mendicantes, sobre todo en al manera de ejecutar la cabecera o presbiterio, por lo que bien puede corresponder a la realidad la inscripción (poco legible) que destaca en la base izquierda del mencionado arco mayor y que parece consignar el año 1446.

Las naves laterales, de cuya construcción hay constancia en el Archivo Parroquial, fueron erigidas: una en 1759, junto con el campanario y a expensas de la Cofradía Popular de “La Virgen de los Dolores, San Felipe y San Cayetano”; y la otra (la nave del Sagrado Corazón) en 1767, fundación del terrateniente sucesor de la Casa de Lemos en As Pontes, Don Antonio Cora.


Estas naves fueron dotadas de retablos neoclásicos, propios de su época, de una pequeña bóveda de granito con cruz de malla en la clave y de pilastras poligonales con arcos de medio punto sustituyendo la pared de la nave principal a la que fueron unidas.


Merece especial mención el retablo mayor. obra barroca de considerable mérito artístico y con sobredorado de oro. Aunque sobrio en su conjunto manifiesta ya influjos churriguerescos, por lo que debe proceder del siglo XVII (diecisiete).

Contiene el sagrario y un expositor de líneas platerescas; imágenes (de igual antigüedad) de San Pedro, Santiago y de la Asunción (Patrona titular de esta Parroquia), y en general los elementos del barroco clásico: gran frontón, cornisa y entablamento quebrados sobre columnas salomónicas y columnas estípites.

Conjuga la verticalidad con el movimiento que le imprimen las columnas retorcidas y demás motivos ornamentales de que está dotado: cabezas de ángel, acantos, hojas serpenteantes, cintas, etc., configurando un conjunto armónico de belleza y efecto deslumbrante.


En resumen, en este retablo fueron adoptados los cánones escultóricos del s. XVII, seguidos después por el célebre retabulista compostelano Miguel de Romay, una de cuyas obras destaca en la Iglesia de la Universidad de Santiago.


Mas, ahora viene “la segunda cara de la moneda”: esta egregia obra paralelamente vino sufriendo una serie de sucesos infelices que perjudicaron su flamante rostro:

  • En los tiempos de la epidemia del “cólera morbo” del pasado siglo, obligó el Ministerio de Sanidad a pintar con cal viva todas las superficies pétreas de los edificios públicos; desde entonces quedaron empañadas las bóvedas y arcos de nuestra Iglesia y, por si esto fuera poco, todavía hubieron de soportar en fechas posteriores absurdas capas de pintura.
  • A principios de nuestro siglo le fue instalado el actual cielorraso, totalmente desacorde con su estilo, mediante ficción de bóvedas y arcos elaborados con barrotillo y cal. Para ello la despojaron del cielorraso primitivo (del que quedan los vestigios de los rasantes de donde partía) y que era compuesto por una gran armadura de tabla de roble, con matajuntos de sección triangular siguiendo las vertientes del tejado.
  • Por esta misma fecha le sustituyeron dos pequeños -pero artísticos- retablos que tenían la función de cubrir las aristas del arco mayor, siendo deportados respectivamente a las ermitas de Illade y del Canerio, por los dos “armatostes” que fueron suprimidos recientemente al iniciar la obra de restauración, pues además de carecer totalmente de valor artístico mermaban la visibilidad y prestancia del altar y bóveda mayor.
  • Asimismo vinieron ocurriendo desmoches lamentables en las cornisas, columnas y arcos para la fijación de imágenes, de los últimos dichos retablos, etc.

  • También es de notar la importunidad del pavimento con baldosas y ya no digamos de sus extravagantes zócalos. Como también es inoportuna la sobrecarga de imágenes que contiene, de las que la mayoría son labores de cartón-piedra, sin valor alguno.
  • La reforma más disparatada que sufrió nuestra Iglesia ha sido la ampliación realizada en el año 1965; fue destituida de su primitiva fachada con frontón triangular propio de su época; cambiada la situación de las puertas de entrada y en general toda su estructura delantera, quedando desplazado el campanario; los materiales empleados son discordantes con el resto del edificio y el formato de la nueva fachada esta falto de sentido arquitectónico.

  • La obra de restauración que precisa ya está iniciada; es necesario llevarla a término, aunque costosa es posible si todos colaboramos.

  • En el pasado mes de Junio fue constituida una Comisión de Junta Parroquial por unos cuantos voluntarios que tienen la ilusión de mejorar nuestra Parroquia acometiendo éste y otros proyectos encaminados a remediar problemas de todo tipo que poseemos.

  • ¡Por el bien de nuestro Pueblo colaboremos todos con empeño y constancia!

Texto proporcionado por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes.

Foto de la fachada aportada por Xose María Ferro.

Foto del retablo principal aportada por V.M.P. y resto de fotos aportadas por J.A.V.

OS TOQUES DE CAMPÁS POR D. ENRIQUE RIVERA

Cando era un rapaz, lembro que había tres feitos ao longo do día polas que sabías a hora que era: a serea da Central (ENCASO), o paso do Coche de “Línea” (autobús de Ferrol-Lugo e viceversa, e o autobús As Pontes- Coruña) e os toques das campás da Igrexa Parroquial cando había reloxo (ata o 1965 porque logo, ao tirar a fachada, sacaron o reloxo e non se volveu a poñer).

Tamén recordo os diferentes toques das campás. Un que non me gustaba escoitar era o de defunto, no que se podía saber polo xeito dos toques se era home, muller ou neno-a.


D. Enrique publica este artigo na revista das Festas Patronais de 1997 relativo ao toque das campás e no que nos dá datos sobre o reloxo existente, noutrora, na fachada da Igrexa Parroquial.

LOS TRADICIONALES TOQUES DE CAMPANA EN EL PASADO DE AS PONTES

Accediendo a la petición de algunos amigos que desean conservar el recuerdo de una de tantas costumbres tradicionales de nuestro Pueblo, ya que era un grato servicio que dispensaba a la Feligresía el lenguaje de las campanas de la Iglesia Parroquial, consignamos a continuación el significado de los diversos toques practicados hasta hacer aproximadamente un cuarto de siglo.

Se diferenciaban dos repiques: el general y el solemne. En el primero eran usadas las dos campanas mayores (grande y pequeña).

Comenzaba con una entrada rápida, de unos diez segundos en cada una, y seguía alternándolas ágilmente durante unos cuatro o cinco minutos. Para el solemne eran necesarios dos campaneros y utilizaban la campana del reloj, además de las otras dos: tras la entrada en cada una, un campanero alternaba repicando la grande y la del reloj y el otro volteaba la campana pequeña tirando de una cadena que tiene asida a la cepa, también unos cuatro o cinco minutos para terminar repicando la grande y la pequeña.


Toques de llamada a la Misa: igual que en la fecha, media hora y un cuarto de hora antes, una serie de tañidos diferenciando al final si es el primero o el segundo; en los días laborales se usaba la campana pequeña y sólo el golpe deferencial con la grande; en los festivos se verificaba todo el sonido con la campana grande. El toque de entrada, que en la actualidad consiste en un tercero con el mismo procedimiento que los anteriores, hasta aproximadamente el año 1940 era ejecutado mediante una campana pequeñita, llamada “el esquilón” que se hallaba con una diminuta espadaña sobre la sacristía vieja adosada a la cabecera de la nave del Sagrado Corazón, accionándola desde la sacristía. Por dicha fecha se suprimió y posteriormente se eliminó la espadaña al ocasionar gotera en el edificio.


Toques fijos a diario: del alba, al salir el sol con un repique general (abolido por el año 1940), de ángelus y de oración hasta hace un cuarto de siglo, respectivamente a las 12 horas y a las 7 de la tarde, con ocho tañidos en cada campana, comenzando por la pequeña. Quienes estaban trabajando en el campo solían interrumpir la labor y rezaban tres avemarías.


Se efectuaba el repique general en las ocasiones siguientes: con el toque de oración todos los sábados y vísperas de festivos, a la salida y regreso de las procesiones, al comenzar el rezo de rogativas en torno a la Iglesia (25 de Abril y antes de la Misa de mediodía en los domingos siguientes hasta el verano), en la “Misa del gallo” (24 de Diciembre) al llegar al gloria, a la llegada del Obispo en la “visita pastoral “ en que además la orquesta o banda del Pueblo interpretaba el himno nacional; y, durante los días en que había sermón al atardecer, por ejemplo, en los novenarios solemnes, tres repiques consecutivos justo con el toque de oración.

Asimismo había repique general cuando salía el “viático” o comunión para los enfermos, si era para un barrio de aldea, sólo el repique de partida, cuando era para una casa de la Villa el Sacerdote llevaba dos partículas y entonces se verificaba el repique a la salida y al regreso a la Iglesia, le acompañaban personas con velas encendidas y, entre ambos repiques, el sacristán volteaba de vez en cuando la campana pequeña.

Tanto si iba a la aldea como al Pueblo precedía al Sacerdote un hombre portando en la mano izquierda una linterna metálica con los laterales de cristal y una vela encendida en el interior y, en la derecha, una campanilla con la que daba toques de atención de que pasaba el Santísimos. La gente descubría la cabeza e incluso muchos se arrodillaban.

Cuando se cruzaba algún despistado sin quitar la boina o el sombreo el Cura le increpaba: ¡¡Descúbrete, hombre, respeta a Nuestro Señor!! En la semana de pascua se llevaba la Comunión a los enfermos del Pueblo, al terminar la Misa de la mañana el día previamente señalado; acudía gran número de personas con velas encendidas y el Sacerdote iba revestido con capa pluvial blanca y banda de hombros y con la cruz alzada y los ciriales y repique general de partida y regreso y el volteo intermedio.


El repique solemne tenía lugar el día víspera de las fiestas patronales del Pueblo (El Carmen y Corpus) a las 12 de la mañana, juntamente con la salva de bombas de palenque que anunciaban la llegada de los festejos.


El repique de alarma se realizaba cuando había incendio en una o en las proximidades de viviendas. Consistía esta señal en repiques breves (de medio minuto) y consecutivos con las dos campanas a la vez. Y más lentos que en el repique general. Entonces los moradores del Pueblo salían de prisa con cubos en la mano al lugar del siniestro para ponerse en hilera hasta el río o el pozo más cercano pasando los cubos llenos de agua de mano en mano. Y depositar en el fuego (hasta la década de los 50 no hubo bomberos en la Empresa Calvo Sotelo, los primeros de As Pontes).


Los toques de difunto y de funerales: por un difunto doblaban las campanas la mayor por parte del día, desde el fallecimiento hasta el funeral, con dos golpes en la campana pequeña y uno en la grande si se trataba de una mujer y al revés, dos en la grande y otro en la pequeña, siendo un hombre. Tres en cada una cuando el fallecido era el Cura.

Cuando acababa de ocurrir la defunción siendo en la Villa o lugares próximos, durante los primeros minutos estos tañidos se realizaban de forma muy suave, a los que denominaban “toques de agonía”. Para las funciones de aniversario doblaban desde el toque de ángelus de la víspera y alternando con el sonido en cada campana indistintamente fuere difunto o difunta. Por los suicidas era diferido el funeral durante varios días y sólo sonaban las campanas desde la víspera y al igual que para los aniversarios.

Precedía a la comitiva del entierro sólo la cruz y a media hasta (sin el mango) y en vez de cantar el “miserere” era simplemente recitado por el Sacerdote. En las salidas para la conducción del cadáver, si la casa mortuoria era en al Villa o lugares cercanos, iba el Cura con roquete y pluvial negra, acompañado de varios monaguillos que portaban la cruz parroquial, los ciriales, una bandera negra o guión y los estandartes de las cofradías a las que el difunto estuviera afiliado.

Cuando salían de la iglesia el sacristán volteaba durante unos minutos la campana pequeña añadiendo de vez en cuando un golpe en la grande y repetía este toque si le correspondía pasar a la comitiva por la calle real o por el puente de Isabel II, al transitar por dichos sitios.

También doblaban las campanas de la Capilla del Carmen (solo cuando el difunto o difunta era cofrade) al aproximarse a la misma; y finalmente, en la llegada al cementerio, tañían las campanas de la capilla de allí, siendo estos toques como los de la Iglesia pero apurando más. En las conducciones de la Villa solían acompañar al Párroco algún sacerdote más y no cuando era de la aldea; entonces, al no esperar el entierro en la entrada del Pueblo, tras dar el indiciado toque de salida.

La cruz, estandarte y “guión” venían en manos de paisanos desde la casa, a donde eran previamente trasladados y al que traía la cruz le reemplazaba el monaguillo con otra cruz parroquial más destacada que la primera.

En los entierros de párvulos (o niños menores de los 7 años) al tener el aviso del fallecimiento era tocado un repique especial, llamado “vaivén” que consistía en comienzo como en el repique general y seguía con golpes alternados lentamente en ambas campanas para concluir como en los repiques ordinarios. Se repetía este toque al salir para la conducción del párvulo.

El Sacerdote, precedido por la cruz y ciriales, iba revestido de roquete y estola blanca y durante el trayecto cantaba el salmo “Laudate púeri Dóminum” y, hecho el enterramiento, había la “Misa de Gloria” en la Iglesia. Tratándose de un domicilio en la aldea era usada solamente la cruz, a mano de un paisano.


La remuneración que percibía el Sacristán por todos los servicios de campana era una taza de grano de trigo que pasaba a recoger en el mes de septiembre por las casa a la vez que el Párroco recogía medio ferrado (siete kilos) por el rezo de las rogativas, este tributo se denominaba “rogación”.


Alguna casa negaba la retribución al Sacristán, entonces en vez de doblar a difunto durante la mayor parte del día lo hacía sólo durante unos minutos mañana y tarde y la gente se daba cuenta de que tal familia regateaba la taza de trigo.


Finalmente reseñamos que el reloj de la Iglesia fue cedido en el siglo XIX por el Ayuntamiento de Villalba al de As Pontes a cambio de cien fanegas de trigo en un año de fracaso en las cosechas. El edificio del Ayuntamiento (la casa nº 1 de la plaza de la Iglesia – Casa de Román -) no era adecuado para la colocación y fue fijado en la fachada de la Iglesia ante la nave de Los Dolores.


Actuaba movido por dos pesas de granito que bajaban hasta el suelo por un encajonamiento adosado al interior de la fachada. Hacía sonar las horas y medias horas en una pequeña campana, aún existente en el lado norte del campanario, mediante un cable que accionaba el martillo exterior a la campana.


El Ayuntamiento tenía encargado a un relojero de la Villa para subirle las pesas mensualmente y cuidarlo, retribuyéndole con una exigua cantidad anual. El último relojero que lo atendió fue el Señor José Bouza.

En la ampliación de la Iglesia realizada por D. José Río Seijo en 1964 se previno seguir usándolo, por ello el ventanal redondo de la fachada posee el diámetro exacto de la esfera del reloj y quedó adaptado un bajante en la nueva fachada para el deslizamiento de las pesas, ante la nave del Sagrado Corazón.

Pero, al quedar más distante que en la antigua fachada y perder el cable su verticalidad, ello llevó consigo que la tracción de la pesa quedó insuficiente para mover el martillo que hacía sonar la campana y entonces el reloj ha sido retirado.

Abril de 1997

Enrique Rivera Rouco

Cronista Oficial de As Pontes.

Artículo e fotografías aportados por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado de As Pontes

 

A PARROQUIA DA VILAVELLA POR D. ENRIQUE RIVERA

A parroquia da Vilavella foi unha das máis afectadas polo tema da expropiación de ENDESA, de feito que moitos dos lugares que formaban esta parroquia hoxe están desaparecidos por mor, primeiro, da mina e da escombreira e, logo, do lago.

Era das parroquias máis grandes de As Pontes en extensión e lugares.

Para min, persoalmente, é unha parroquia que me toca de cheo, pois dela é a miña dona e na súa Igrexa caseime.

Un dos achádegos máis representativos da nosa Prehistoria pontesa, o vaso campaniforme, atopouse nunha medoña desta parroquia.

O seu nome, Vilavella, danos unha orientación sobre a antigüidade da súa existencia.

Hoxe, do núcleo arredor da Igrexa e o cemiterio, só un par de casas quedan para lembrar algo do que foi.

D. Enrique, no seu artigo publicado na revista das Festas Patronais do ano 1998, fálanos dos lindes, da historia e dos avatares polos que pasou esta Parroquia.

RESEÑA HISTÓRICA DE LA PARROQUIA DE VILAVELLA

Esta parroquia, perteneciente al Miunicipio de As Pontes, hállase hoy prácticamente desaparecida , debido a las expropiaciones de las Empresas Calvo Sotelo y ENDESA. Hasta la década de los cuarenta y siguientes, en las que ocurrió la expropiación, comprendía 30 barrios con unas 150 casas rurales habitadas, en un territorio de forma irregular, estrecho y alargado, desde la Parrocha y Acibido hasta Cheiván y Rámez, de los que en la actualidad solo quedan: Bidueiro, Vila, Casilla, Alimpadoiros, Saa, Carballeira, Esfarrapa, Cheiván y Rámez.

Juntamente perecieron muchos monumentos prehistóricos: gran número de “mámoas” (medoñas) o sepulturas del hombre primitivo y el “Castro da Uz” (fortificación celta de varios siglos antes de Cristo), ejemplar destacado en la Comarca por poseer tres muros paralelos de protección.

La mayor parte de la Parroquia es valle de sedimentación, formado en la Era Terciaria (hace 20 millones de años, a juzgar por la naturaleza del carbón) y con la sucesiva acumulación de vegetales arrastrados por el Río Eume y por los aluviones o avalanchas de agua torrenciales, dando así origen al mineral de lignito, materia prima de las industrias aquí establecidas.

Los estractos de lignito alcanzan una profundidad de325 metros, según la Empresa “Adaro”, que realizó los sondeos. En el fondo aparecieron moluscos de mar petrificados (que ingresaron en un museo de Madrid), cuyo hallazgo demuestra que la Ría de Ferrol en la Era Terciaria se prolongaba por entre las montañas de Iglesiafeita hasta As Pontes, en donde desemboca el río Eume, el cual, al rellenarse el valle, tuvo que abrirse paso a Pontedeume.

Sobre los estractos de lignito había una capa de tierra de “humus” con solo un metro de espesor, procedente de la Era Cuaternaria, que sostenía el cultivo agrario. Era terreno húmedo y fértil propiciando el cultivo y la explotación agrícola y ganadera y, al ser lugares con extensión relativamente grande, sus moradores se defendían bastante bien económicamente.

La asistencia docente era satisfactoria, con tres escuelas mixtas: la de Barosa (luego Saa), la del Meidelo y en la cabeza de la Parroquia.

Limitaba con la Parroquia de As Pontes a lo largo del camino vecinal de Os Mouros a As Pontes (actual calle Pardo Bazán), de suerte que antes en los edificios adyacentes a la desembocadura de dicho camino (en Rego do Muíño, números 6 y 10) figuraban los nombres de “Riego del Molino de Puentes” en el primero y “Riego del Molino de Vilavella” en el segundo.

A principios de este siglo, durante el mandato del Obispo D. Manuel Fernández de Castro, tuvieron lugar la creación de muchas parroquias nuevas (como Somede, Ambosores, Valle de Xestoso, etc) y reformas en los límites de las ya existentes. A Vilavella le desplazaron la frontera contra As Pontes, perdiendo el espacio comprendido entre el camino vecinal de Os Mouros y el “Camiño de Iglesia” de Os Mouros a la capital de la Parroquia, que cruzaba por la Casilla para salir a donde está hoy situado el Bar Cantábrico y continuar por la Areosa, quedando así delimitada la línea divisoria.

Cuando el Obispo le comunicó al Párroco esta decisión, él le dijo: – Sr. Obispo “Consumata est iníquidas” (Se llevó a cabo la injusticia).

Desde entonces y a lo largo de muchos años hubo enemistad entre los Párrocos de Vilavella y As Pontes por haberle quitado de su territorio. Eran a la razón Párroco de Villavella D. Francisco Chao Fernández y de As Pontes, D. Antonio Ángel del Riego.

El nombre de Vilavella lógicamente indica su anterioridad sobre los pueblos vecinos. Asimismo se aprecian en el Templo Parroquial elementos de gran antigüedad, como son los ventanales de la nave, al tener forma avocinada, son típicos del arte románico. En el resto hubo reformas posteriores., como se nota en la fachada, que está compuesta por piedras nobles, pero de distinta clase y época.

El retablo es un importante ejemplar del bajo barroco del siglo XVIII.

Al igual que todas las demás iglesias antiguas no quedan escritos acerca de su fundación. Entonces estas memorias solo se escribían en los Monasterios y Cabezas de Diócesis, y las partidas sacramentales de las parroquias parten de finales del siglo XVII. La más antigua de Vilavella data del año 1686.

Curiosamente el titular de la Parroquia es “Santa María de Vilavella” (en la advocación de la Virgen de las Angustias), mientras que el Santo Patrono venerado en la Feligresía y que se vino celebrando desde tiempo inmemorial, en el último domingo de Agosto, es San Andrés de Vilavella. Asimismo la tradición popular da cuenta de que esta Parroquia en tiempos antiguos se llamaba “San Andrés del Bosque”.

En el archivo Diocesano de Mondoñedo, Secciones de “Expedientes de Patronato Parroquial” y “Expedientes de Provisión de Capellanías”, se conservan gran número de expedientes en que se asigna un presbítero para atender la Institución de San Andrés de Vilavella, datando el primer expediente del año 1632.

Todo esto parece indicar que en tiempos anteriores, quizá paleocristianos, hubo en este lugar una comunidad católica que veneraba a San Andrés y posteriormente, al constituir Parroquia y edificar nueva Iglesia sobre la Ermita de San Andrés, le dieron el título de Santa María, titular casi común en las parroquias gallegas, aunque sobrevivió a lo largo de muchos siglos el culto a San Andrés con carácter de capellanía.

Según la obra “Manual de Historia Eclesiástica” de Bernardino Llorca, las diócesis y parroquias fueron delimitadas geográficamente en el siglo IX; antes eran grupos humanos (comunidades) sin límites territoriales fijos.

Posteriormente, en el siglo XVIII, fue eregida la Capilla de San Cristóbal del Vilar por la Familia Fresco, vecina de dicho paraje. Esta Ermita pereció en la expropiación y con tal motivo fue trasladada al barrio de Esfarrapa.

En 1966, por causa de la gran distancia a la Iglesia Parroquial, los vecinos de Saa construyeron su Capilla, dedicada a la Virgen del Pino, advocación procedente del Santuario con éste titular en Canarias.

En los últimos meses fue practicada una importante restauración a la Iglesia Parroquial que tenía muy deteriorada la cubierta y los lucidos; ahora recuperó su belleza inicial.

En la restauración aparecieron bajo los cales, seis confesionarios tipo hornacina, empotrados en las paredes con el fin de ocupar menos espacio en la nave, modelo no usual en esta zona.

Inmediatamente antes de esta reconstrucción del edificio hubo un intento de traslado a las inmediaciones de Os Alimpadoiros, que pertenece a Vilavella, liberándolo así de la contaminación colindante del parque de carbones; además vino a quedar en un extremo deshabitado de la Parroquia; pero fracasó el empeño al no haber acuerdo unánime entre todos los feligreses, pues cierto número discrepó de este proyecto.

Algunos de los barrios desaparecidos perpetúan su nombre en las nuevas calles de la Villa, como la Rúa do Meidelo (junto a As Campeiras), donde se asentaron muchos vecinos de tal barrio.

Como dato curioso he de constatar que el caso de Vilavella no está previsto en el Derecho Canónico: el desaparecer el curato dejando al cura sin plaza; en tiempos pasados solo era imaginable con un cataclismo. Si hubiera abundancia de sacerdotes como antes, el de Vilavella tendría que concluir con un cese especial al tener que dejar la Parroquia no por un ascenso ni por un castigo.

En resumen, el tributo que As Pontes tuvo que pagar al progreso llevó consigo la desaparición de un valle pintoresco y el éxodo y desarraigo de muchos paisanos como los de Vilavella.

D. Enrique Rivera Rouco

Festas do Carme 1.998

Texto aportado por Xose María Ferro, Director do Museo Etnográfico Monte Caxado (As Pontes)

Fotografía do Cruceiro da Vilavella aportado por Xose María Ferrol

A parroquia do Aparral por D. Enrique Rivera

Na revista das Festas Patroais do ano 1999, D. Enrique publicaba este artigo no que nos aporta datos sobre esta parroquia relativos á poboación, datos sobre a freguesía e a capela.

La Parroquia de Aparral, situada en la parte Sur de la Villa de As Pontes es, en extensión, una de las más pequeñas del Municipio. Está compuesta por los siguientes barrios: Aparral de Arriba, Besura, Cabeza dos Fornos, Candedo, Casas Hermas, Casilla da Sta. do Carballo, A Cova, Cornocelo, Novil, Pedrafita, Pedregás, Pereiro, Porvelo, Precordeiro, Rega, Sexe y Tarrao.

Su nombre procede del gallego primitivo romance:“APO-REIRO” = “Junto al río”. Efectivamente el río Chamoselo, que nace en Roupar, pasa cerca de la Iglesia.Por el costado Norte discurre el trazado de la carretera Comarcal-641 (de Rábade a Ferrol) y comunican sus aldeas varias pistas, siendo las principales, las de A Cova a Ponte do Souto y a Mariñaleda.

Poseía, al comienzo del siglo XX, 270 habitantes; 185 en 1960 y actualmente 65 en las 22 casas que quedan habitadas por los referidos barrios; algunos de los cuales están totalmente vacío, como Besura, Cornocelo, Novil y Rega. La despoblación fue motivada principalmente por motivos laborales: gran número de habitantes se estableció en As Pontes para trabajar en la industria, otros en Ferrol, Vascongadas, Cataluña e incluso en el extranjero. Si bien algunos retornaron al ser jubilados construyendo nuevas vivienda en sus propiedades de antaño.

El suelo de esta parroquia es en general quebrado con abundancia de manantiales, formando diversos arroyos que desembocan en el Río Chamoselo. Los principales son: Lavadoiro, Paluceiro, Cocido y Sexe.Entre los lugares de Porvelo y O Pereiro s eencuentra un yacimiento de arcilla de óptima calidad para toda clase de labores de cerámica, que en años pasados fue explotado por la telleira “Cerámica del Carmen” de As Pontes.

Actualmente hállase sin aprovechamiento, pudiendo proporcionar puestos de trabajo.En el año 1900, siendo Obispo de Mondoñedo D. Manuel Fernández de Castro, se verificó una reforma en sus límites parroquiales, habiéndolo pedido los vecinos de los barrios de Cornocelo, Candedo y Novil por quedarles muy distante la Iglesia de Aparral.

Dichos lugares fueron eclesiásticamente agregados a la Parroquia de Piñeiro, aunque civilmente continúan perteneciendo a Aparral; así poseen el mismo cartero, pedáneo y capataz de caminos de esta Feligresía.

Hubo en esta parroquia, hasta hace pocas décadas en que dejó de practicarse, una Cofradía famosa: la Cofradía de Ánimas, la más antigua y de las más pujantes de la Comarca. Existió ya antes del siglo XVIII, ya que su primer libro que se conserva en el Archivo Parroquial de Roupar se titula “Nueva Fundación de la Cofradía de Ánimas”, lo que demuestra su existencia anterior y que fuera interrumpida por alguna circunstancia. Este libro de “Nueva Fundación” comienza en el año 1735, siendo Párroco de Aparral D. Diego González y Obispo de Mondoñedo Fray Sarmiento de Sotomayor.

Contiene los estatutos por los que se vino rigiendo y la relación de Cofrades afiliados, en gran número ya entonces, además de los Feligreses habían ingresado una alta cantidad de las parroquias colindantes e incluso lejanas. Poseía Mayordomo y Contable para su desenvolvimiento.Los socios estaban recompensados con indulgencias, así como con servicios y sugragios “post mortem”.

Cuando fallecía un Cofrade, el Mayordomo acudía a su funeral portando, a lomo de caballos una abundante cantidad de fachas de cera para lucir durante la función, y además se le aplicaban sufragios o cultos periódicos en al Iglesia de Aparral.En el mencionado libro y siguientes continúa descrita la narración administrativa de cuentas y vicisitudes que vivió la Cofradía hasta su decadencia y extinción desde hay al menos cuarenta años, por haberse quedado obsoleta y la Parroquia despoblada.

Esta Feligresía de Aparral tuvo Cura propio hasta mediados del siglo XIX en la “desamortización de Mendizábal”, en que dicho Ministro de Isabel II expropió los bienes eclesiásticos y despojó la Parroquia de las fincas que integraban el Iglesario e incluso de la Casa Rectoral, situadas en Aparral de Arriba, en donde se aprecia todavía la cimentación del edificio. Desde entonces fue agregada al “Curato de Roupar” con la categoría de “Anejo” o Parroquia unida, y atendida por el Cura de Roupar.

Posee Aparral una Ermita en el barrio de A Casilla, llamada “Santa do Carballo” y cuya Patrona titular es “LA VIRGEN DE LA ASCENSIÓN”, título inusual a la Sma. Virgen (hay muy pocos casos en España); naturalmente no es la “Asunción” sino que, por estar asociada con Cristo a todos los misterios de nuestra redención, se refiere al dogma de la Ascensión del Señor, y efectivamente vino celebrándose la fiesta desde siempre en Mayo, el día de esta solemnidad litúrgica.

En la memoria de los mayores pervive la leyenda, según la cual en otro tiempo se apareció allí la Virgen en la rama de un roble, de ahí el título de “Santa do Carballo”; lo cual no pasa de simple leyenda, ya que si fuera verdad tendría esta romería mucha mayor resonancia.

La fundación del Santuario es antiquísima. La primitiva Capilla estaba situada unos 1400 metros más atrás de la actual, junto al riachuelo. Era más pequeña y ostentaba en el dintel superior la inscripción de la fecha en que fuera construída, en el siglo XIII, pero lamentablemente la demolieron tras edificar la actual, que fue costeada por el Sacerdote D. Paulino Pérez Ledo, natural de A Casilla (hijo del entonces Peón Legoeiro de la Carretera C_641). Párroco de Somede, donde falleció en 1.951, poco después de inaugurar la Ermita.

Asimismo esta Parroquia dispone de dos cruceros de granito antiguos: uno en el barrio de Pedrafita distinguidamente logrado con basamento e imágenes tradicionales y capitel del Orden Corintio. El otro, ubicado en A Cova, es de fabricación más simple, sin imágenes, y con capitel de imitación Dórica.La Iglesia Parroquial es muy antigua, procedente de la Edad Media, como demuestran su estructura con dos pórticos primitivos, el retablo con la sobriedad del barroco inicial y el estar separada de la torre-espadaña, que también procede de esa época; como lo prueba su constitución con frontispicio dotado de gárgolas rudimentarias y “Ojo de Buey” sobre la campana. Hállase catalogada en el Patrimonio Cultural del Estado.Ambos monumentos recibieron en el presente año (1999) una importante restauración que les devolvió su sabor primitivo: la techumbre de la Iglesia estaba muy deteriorada y, por si fuera poco, debido a la falta de medios, en 1976 sustituyeron su mayor parte por uralita acanalada, cometiendo una aberración arquitectónica.

La torre-espadaña sufrió en los últimos años grave ruina al ceder la cimentación y principalmente con los seísmos que sacudieron Galicia en 1997.El costeo de estas restauraciones fue subvencionado por el “Programa Próder” de Euro-Eume y por la Excma. Diputación Provincial, además de la contribución de los Feligreses y donativos de entidades y vecinos de As Pontes.

Asimismo, en el pasado año, fueron restauradas las dos principales imágenes de esta Iglesia, muy antiguas, con vestido y mérito histórico: la Patrona a expensas de D. Marcelino Blanco Fernández, de As Pontes, y la Virgen del Rosario, por Dª Carmen Castro y otro Feligrés.

La Patrona es la Virgen de la Asunción que antaño se celebró el 15 de Agosto. Mas, desde hace mucho tiempo, la devoción popular se desvió hacia San Juan y viene celebrándose en el mes de Junio.

Finalmente hemos de señalar que tampoco en Aparral faltó alguna persona ilustre, por ejemplo el Excmo. Señor D. Diego Franco Couceiro (que aún vive), natural de Casas Hermas y General de Brigada de Aviación, con base en Reus (Barcelona)

Aparral, verano de 1999

Enrique Rivera Rouco.

Texto e fotografías aportados por Xose María Ferro director do Museo Etnográfico Monte Caxado

EL SANTUARIO DE SAN RAMON DEL PARAÑO POR D. ENRIQUE RIVERA ROUCO

Imaxe cedida por Xose María ferro, director no Museo Etnográfico Monte Caxado. Procesión no ano 1966

Outro dos artigos de D. Enrique na Revista das Festas Patronais, do ano 1993, fálanos da Capela de San Ramón do Paraño. Santuario para min moi especial, pois dende neno tocábame celebrar o patrón, xa que meu pai, Amador López, fíxolle a festa a San Ramón durante moitos anos, xa que se ofrecera estando na Guerra Civil, a facerlle a festa se volvía con vida. Por outra banda O Paraño e a Forxa, son as miñas raíces, xa que meu pai, Amador, era do Paraño e, miña nai, Remedios era da Forxa.

EL SANTUARIO DE SAN RAMÓN DEL PARAÑO.
Reseña histórica, por D. Enrique Rivera Rouco,
Cronista Oficial de As Pontes.

  • PROCEDE DE UNA FUNDACIÓN LAICAL QUE PERMANECIO SIN REDIMIR
  • CON MÁS DE CUATRO SIGLOS DE VIDA SIGUE SIENDO CENTRO DE GRAN DEVOCIÓN Y CONCURRENCIA.

Al objeto de información de nuestro pasado histórico consigno los siguientes datos que, sobre la vida y vicisitudes de este Santuario, pude hallar entre la abundante documentación antigua que de las propiedades del Paraño conserva el vecino Don Alfonso Castro Ramos, quien amigablemente me permitió investigar.


La fiesta de San Ramón gozó, desde antaño, de gran aceptación y concurrencia y asimismo es famosa la romería en la Ermita de su nombre, emplazada desde finales del siglo pasado en el Barrio del Paraño, al lado de la carretera general C-641, habiendo sido trasladada de su primitiva ubicación en el valle adyacente junto al arroyo “Rego da Forxa”. A esta romería acuden para cumplir sus promesas gran número de devotos, principalmente, madre que últimamente hayan alumbrado.


Características peculiares de este Santuario son: primero, el proceder de una antiquísima fundación particular en la modalidad de Capellanía laical colativa de sangre, es decir, un Patronato laical, de carácter hereditario en el que el fundador y los sucesores primogénitos, con el título de Patrones, conservaban todas las atribuciones sobre la fundación y su desenvolvimiento, así como la designación del Capellán.


En segundo lugar, el haber sido el único caso en la Comarca en que el Patrono continuó este dominico hasta nuestros días, pasando por alto la ley de “Redención de Capellanías y Fundaciones” de 1.874, de suerte que fue su último dueño D. Francisco López Prieto, de A Forxa, fallecido sin sucesión en 1.974, por lo que actualmente ostenta este dominio su sobrina Dª Felisa López.


¿Cuándo fue creada la fundación? – No se conserva el documento fundacional. Consta, no obstante, que la familia fundadora ha sido la que moraba en el lugar “Da Fraga” de la Feligresía de As Pontes y, como entonces era usual, llevaban por único apellido “Da Fraga”.

Imaxe cedida por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado. Momento da poxa onde aparece Amador López Ledo.

Ese lugar, desaparecido desde hace más de un siglo, estaba situado entre los barrios de Meda, Vacariza y Carballal, ocupando la cima y ladera sur, aún hoy denominada “Casavella da Fraga” y donde todavía se aprecia la cimentación de la vivienda (muy cerca del repetidor de la TV). Fue una casa potente en aquel entonces, como se deduce de las extensiones de tierra que poseía y de haber erigido una fundación.


La alusión más antigua a la Ermita figura en un documento de permutas sobre bienes de la misma que, en 1.772, verificaron dos familiares de la referida casa “Da Fraga”.

Texto aportado por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado.

MAIS DATOS SOBRE A CAPELA DE SAN VICENTE DE PONTOIBO


No ano 1992 D. Enrique publicou un artigo na revista das Festas Patronais, ofrecendo
datos que no artigo anterior non aparecen e outros que sí se repiten. Recollo este artigo
por consideralo máis completo co anterior e polo seu interese.


O SANTUARIO E A ROMARÍA DE SAN VICENTE DE PONTOIBO
Por D. Enrique Rivera Rouco
Cronista Oficial de As Pontes


Malia o ritmo de vida moderna que envolve ó Pobo de As Pontes e o notable número de persoas que acoden de fóra do Barrio, segue mantendo o testemuño de piedade e degoro relixioso e tamén de reunión e convivencia social, baixo a súa expresión festiva e de comunicativa ledicia, entre a xente que a celebra.

Para moitos deles aínda pode ser válida a frase do escritor JOVELLANOS que, no século XVIII, indicaba ó Rei Carlos III no “Informe sobre la ley Agraria”: “…no conocen nuestros
labradores otro placer, otra diversión que sus fiestas y romerías…”

Entre as facetas de relixiosidade tradicional que conserva a participación na Misa da Festa, na procesión, na “imposición do Santo” e na entrega de ofrendas, destacan as esmolas en especie, motivo da subasta ou “poxa” ó remate da procesión, en cumprimento de promesas antes feitas pedíndolle a San Vicente a saúde do gando ou tamén dalgunha persoa enferma, e que consisten en anacos de carne de porco e outros produtos agrarios.


O Santuario de San Vicente é de orixe inmemorial, aínda que a Ermida actual ten estilo neoclásico tanto no retablo como no edificio, que foi reconstruído e ampliado no ano 1847. No entanto a imaxe do Patrón procede de data moi anterior: é unha talla ben lograda, da que non hai constancia da súa adquisición ou doazón. O estilo iconográfico que presenta -ensinando na man o instrumento do martirio (unha cadea)-
sitúa este exemplar dentro da corrente escultórica da Baixa Idade Media (a partir do
século XIII), por iso a imaxe pode ter cincocentos anos.


Esta capela curiosamente está erixida nunha zona onde aparecen restos primitivos doutra civilización; antes de que achaiasen o adro observábanse nel vestixios de enterramentos antigos, os remates de laxas de pedra que configuraban nichos rudimentarios. Nun desmonte feito en anos pasados apareceu o sarcófago que alí se conserva: unha peza perfectamente lograda representando a figura humana no seu interior.


Acerca deste sarcófago había unha crenza de que a auga que sempre ten (procedente da chuvia) permanece alí milagrosamente e é curativa, por iso lavaban nela os ollos ós enfermos da vista.


A situación da ermida nun entorno de enterramentos primitivos revela a súa procedencia paleocristiá, cando as primeiras comunidades cristiás seguían o método de cristianizar os lugares do culto pagán e as súas deidades, situándose no mesmo sitio deles. Así aparecen ao lado dun “castro” e con enterramentos deste tipo moitas igrexas,
como as de Ribadeume, Bermui, Espiñaredo, etc.


As fincas inmediatas á capela de San Vicente, polo sur, teñen desde antigo o nome de “Porto da Vila”, mostra de que noutros tempos houbo por alí un poboado ou “vila”.

Nesa vertente do sur da capela hai un manancial que se chama a “Fonte do Santo”, con auga fresca e sabedora que usan no seu consumo moitos veciños de As Pontes.

Sobre o desenrolo da vida deste Santuario só dispoño dos datos que conserva o Arquivo Parroquial, e que parten do ano 1745. Segundo as partidas dese libro, tiña este Santuario unha vida florecente: era propietario dun grande número de cabezas de gando que tiña “postas” ou alugadas ós veciños (vacas, bois, cabalos, cabras, colmeas, etc.). Os seus produtos, xuntamente co petitorio da Capela, formaban o “cargo” (ou haber) do Santo, que nese ano (1745) deixou un excedente de 977 reais e 12 marabedís.

Corrían cas contas un Mordomo e dous Contadores (baixo a supervisión do Cura) e eran nesa data -respectivamente- Xacinto do Castro, Remigio do Chao e Pedro da Bouza. Tiñan por “descargo” (gastos) os estipendios das funcións patronais, a adquisición de cabezas de gando para alugar e a conservación da Capela.

Continuou con este sistema administrativo ata entrado o noso século, en que desapareceu o aluguer do gando por parte do Santuario; máis, en troques, comezou a potenciarse a concorrencia de ofrendas -ou esmolas- en especie que, ata fai trinta anos, sobraban para costear a festa e conservar a Capela.

Ao incrementarse a cantidade de esmolas destacouse a subasta ou “poxa” que se fixo célebre e singular en toda esta Comarca. Tivo o seu apoxeo polos anos 1940-1960, aproximándose algúns anos aos mil quilos o volume de carne poxada.

Nas últimas décadas foron baixando estas cantidades paralelamente á decadencia do entorno rural, que de cote vai despoboándose. Dirixe a “poxa” D. Salustiano Ameneiro Vázquez con grande humor e divertimento do público. Nos últimos anos puxou uns 250 quilos de carne de porco a 400 pts. o quilo; 8 coellos a 800 pts.; 5 ducias de chourizos a 30 pts. unidade; 5 pares de queixo do pais a 800 pts. a peza; 6 ferrados de trigo a 70 pts. o quilo; 2 ferrados de maínzo a 1.300 pts.; 300 quilos de patacas a 30 pts. quilo; e varias aves, cotizadas segundo especie.

Resulta claro que nos tempos actuais a esmola representa só unha pequena axuda para o custo da festa, cando en datas recentes pasaba de costeala quedando sempre un remanente. Así o constata o derradeiro libro de administración deste Santuario, no que sobresae o incidente do ano 1946: o día 3 de febreiro dese ano, fíxose unha xuntanza xeral do Barrio na casa de D. Andrés Corral Cazás, presidida polo Párroco D. José Río Seijo, con motivo de “normalizar a administración” pois viñan acontecendo abusos, e ditáronse alí as regras para a recadación, inversión, organización da festa, conservación do edificio, etc.

E decidiuse abrir unha cartilla na Caixa de Aforros de As Pontes para depositar os fondos sobrantes. As melloras feitas no Santuario nas últimas décadas foron: o cielorraso, pavimentación, caleados, adquisición de lámpadas, construción dun palco e unha cabana. Recentemente, sen medios, pero co entusiasmo dos veciños, achaiouse o chan, e cubriuse mediante uralita un tramo do adro (136 metros cadrados) onde se oficia a misa o día da festa e ten lugar comodamente a verbena, aparte de servir para as reunións do vecindario. Mesmo así construíuse un muro circundante que protexe e adorna o espazo exterior. En resumo, a romaría de San Vicente de Pontoibo segue sendo unha celebración típica e ó mesmo tempo moderna e alegre, dentro dun barrio entusiasta e acolledor como é Pontoibo

Foto da páxina Daquela As Pontes.

Texto aportado por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado

DON ENRIQUE RIVERA ROUCO FALA SOBRE A CAPELA DE SAN VICENTE

Foto cedida por Mundito Carballo

No ano 1995, publica D. Enrique uns artigos en A NOVA UNIÓN dedicados aos Santuarios de As Pontes de García Rodríguez, que vou tratar de reproducir nesta e nas seguintes colaboracións.


Esta primeira está referida ao Santuario de San Vicente de Pontoibo, e apareceu no xornal da primeira quincena de marzo de 1995.

SAN VICENTE DE PONTOIBO (SANTUARIOS DE AS PONTES)

É de orixe inmemorial, anque a ermida actual ten estilo neoclásico tanto no retablo como no edificio, que foi reconstruído e ampliado no ano 1847. Nembargantes a imaxe do patrón procede da data moi anterior, é ensinando na man o instrumento do martirio (unha cadea), sitúa este exemplar dentro da corrente escultórica da Baixa Idade Media (a partir do século XIII), por iso a imaxe pode ter cincocentos anos.
Esta capela curiosamente está erixida nunha zona onde aparecen restos primitivos doutra civilización; antes de que achaiasen o adro observándose nel vestixios de enterramentos antigos, os remates de laxas de pedra que configuraban nichos rudimentarios e, nun desmonte feito en anos pasados apareceu o sarcófago que alí se conserva: unha peza perfectamente lograda representado a figura humana no seu interior.

Lenda do sarcófago
Encol a este sarcófago había unha crenza de que a auga que sempre ten (procedente da chuvia) permanece alí milagrosamente e é curativa, por iso lavaban nela os ollos ós enfermos da vista.
A situación da ermida nun entorno de enterramentos primitivos revela a súa procedencia paleocristián, cando as primeiras comunidades católicas seguían o método de cristianizar os lugares do culto pagán e as súas deidades, situándose no mesmo sitio deles. Así aparecen ao lado dun “castro” e con enterramentos deste tipo moitas igrexas, como as de Ribadeume, Bermui, Espiñaredo, etc.
As fincas inmediatas á capela de San Vicente, polo sur, teñen desde antigo o nome de “Porto da Vila”, mostra de que noutros tempos houbo por alí un poboado ou “vila”. Nesa vertente do sur da capela hai un manancial que se chama a “Fonte do Santo”, con auga fresca e sabedora que usan no seu consumo moitos veciños.

As últimas reformas
As melloras feitas no santuario nas últimas décadas foron: o cielorraso, pavimentación, caleados, adquisición de lámpadas, construción dun palco e unha cabana. Recentemente, sen medios, pero co entusiasmo dos veciños, achaiouse o chan, e cubriuse mediante uralita un tramo do adro onde se oficia a misa o día da festa e ten lugar comodamente a verbena, aparte de servir para as reunións do vecindario. Mesmo así construíuse un muro circundante que protexe e adorna o espazo exterior. En resume, a romería de San Vicente de Pontoibo segue sendo unha celebración típica e o mesmo tempo moderna e alegre, dentro dun barrio entusiasta e acolledor como é Pontoibo.

Texto aportado por Xose María Ferro, director do Museo Etnográfico Monte Caxado